Pensar el desarrollo y crecimiento de un país, requiere de una mirada holística que permita reconvertir aquello que típicamente es considerado como “asistencia” a la noción de estrategia. Como se analizará en este documento, la implementación de políticas de inclusión de los segmentos típicamente marginados requiere de una mirada que entienda la necesidad de evitar la proliferación de obstáculos para el desarrollo. Esto es, el punto de partida de todo análisis, debe ser el acceso a los derechos básicos de subsistencia de toda persona independientemente de su locación, educación, disponibilidad de recursos, etnia y edad, por nombrar solo algunas condiciones que dificultan típicamente el acceso a una vida digna. Si lo que se busca es progresar y una sociedad más acorde al bienestar, la integración de todos es el puntapié inicial para sentar los pilares del desarrollo.
Entre los 17 Objetivos de Desarrollo Sostenibles -ODS- promovidos en el año 2016 por la Organización de Naciones Unidas -ONU- a los que aspira la humanidad en el año 2030, los números 1, 8 y 10 plantean: el fin de la pobreza -principio número 1-, el trabajo decente y el crecimiento económico -principio número 8- y, la reducción de las desigualdades -principio número 10-. De esta forma se sintetizan algunas de las metas que orientan a los países en los años venideros en materia de pobreza y empleo.
La región lationamericana ha evidenciado una notable mejora en la distribución del ingreso medida según el Coeficiente de Gini en el período 2008 y 2012, -aunque de menor magnitud en el período 2012-2015- dado que se produjo un incremento relativo de los ingresos del quintil inferior mayor que el observado en el quintil superior-0,469 para 2015-. Sin embargo, este seductor horizonte que plantean los ODS, encuentra una situación social y laboral para la región que debe, en doce años, superar una tasa de pobreza acuciante que se sitúa en 29,2% y de indigencia en 12,4%.
A nivel local, los doce años que separan a la Argentina del 2030, la encuentran con una tasa de pobreza de 28,6% de la que 6,2% se compone de personas que no disponen de ingresos que les permitan acceder a una canasta básica de alimentos, es decir, son indigentes.
¿Cómo se plantea esta realidad en el marcado laboral? En el país, una de cada tres personas se encuentra trabajando sin aportes previsionales ni de obra social, situación que para el 2° trimestre de 2017 según los datos del Instituto Nacional de Estadística y Censos -INDEC- representa un 33,7% del empleo. Se registra un aumento de 0,3 puntos porcentuales -p.p.- respecto de la misma medición de un año atrás y con situaciones particulares como la Región del Noroeste Argentino -NOA- con una tasa de 40,7% de empleo en negro. Estas cifras sumadas a una desocupación a nivel nacional de 8,7% y una subocupación demandante de 7,4% evidencian un escenario con una fuerte deuda por saldar si lo que se busca es un mercado laboral más justo y equitativo que propicie el fin, o al menos, la reducción de la pobreza.
Las investigaciones de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos -OCDE- sugieren que aunque la relación entre mercado laboral, desigualdad y crecimiento es compleja, está comprobado que la desigualdad atenta contra el crecimiento. Uno de los factores que inciden en la prevalencia de la pobreza y la desigualdad, suele ser la falta de empleo en general y digno en particular. Si bien las trampas que limitan la salida de la pobreza suelen ser diversas, una de las más poderosas, es la ausencia de canales de acceso al empleo. Frente a esta realidad, el lugar de los Servicios Públicos de Empleo -SPE-, es el de propiciar un medio que abogue por igualar el acceso al empleo de la población. Los objetivos de los SPE son los de acompañar los procesos laborales a través del relacionamiento tanto con demandantes como oferentes de empleo a través de: acciones de interacción, reclutamiento, acompañamiento, orientación y formación.
El objeto de este documento es el abordaje de una de las Políticas Activas de Mercado de Trabajo -PAMT-, la intermediación laboral para el caso argentino desde una mirada que permita un aprendizaje de la experiencia internacional al respecto. Errores y aciertos de otras latitudes pueden ser una herramienta de invaluable utilidad para pensar el lugar que el SPE argentino puede, al menos desear, ocupar en el camino a recorrer estos próximos años en miras a lograr acercarse a los ODS.