La región de Pedro Luro (en el Valle Inferior del río Colorado), pone de manifiesto multiterritorialidades asociadas a los diferentes colectivos migrantes que, en contextos históricos determinados, fueron re(construyendo) el territorio. Las migraciones más recientes, de carácter limítrofe, le otorgaron una identidad diferente a un territorio signado por las migraciones tradicionales de tipo europea. Fueron los chilenos, bolivianos y paraguayos, quienes vinieron a darle una nueva identidad territorial a éste espacio geográfico del sudoeste de la provincia de Buenos Aires. Del conjunto de los mismos, son los bolivianos quienes aparecen como los sujetos de una colectividad que fue tomando fuerza a partir de su impronta. Esta migración, forma parte de una dinámica migratoria mayor en la Argentina, diversas investigaciones dan cuenta del amplio abordaje como objeto de estudio desde los diferentes enfoques de análisis y múltiples disciplinas, generando una amplia bibliografía al respecto (Pacceca y Courtis, 2008; Benencia, 2005; Owen y Huges, 2002; Sassone 2007. La migración boliviana de nuestro espacio objeto de estudio, se caracteriza por tener una trayectoria que data desde los años 70, y que se ha ido renovando durante las décadas siguientes, acompañada en estos últimos tiempos por la migración paraguaya. El factor laboral, ha sido desde el inicio el principal atractivo, con la demanda de mano de obra rural y estacionaria ligada al crecimiento de la economía regional de la cebolla. Esta primera etapa, anclada en el espacio rural, dio la posibilidad a los primeros asentamientos y estrategias de arraigo, asociadas al mercado laboral y al acceso a la tierra, fundamentalmente a través del sistema de arrendamiento. Las condiciones de rentabilidad en la producción hortícola de cebolla, la extensión de la superficie sembrada, apoyada en la comercialización para mercado externo, fueron factores claves para hacer de Pedro Luro, un espacio de oportunidades y proyecto de vida para el conjunto del colectivo migrante. Fines de la década de los 90 e iniciado el año 2000, el arraigo se perfila hacia el área urbana, pasando a consolidarse los primeros barrios de colectividades migrantes, situados en las periferias de la pequeña localidad, lo cual conllevaría a Pedro Luro (según el último censo de población del año 2010) ser la localidad más urbanizada y poblada del partido de Villarino, con 9.494 habitantes. La posibilidad en el mejoramiento de la calidad de vida, mejores condiciones laborales y diversidad de oferta, el acceso a la propiedad de la tierra y vivienda, sumado a las condiciones desfavorables en el país de origen, fueron algunos de los determinantes en el arraigo de estos colectivos migrantes en la ciudad, pero manteniendo aún una fuerte dependencia con el medio rural. En nuestro caso, y a partir del trabajo de investigación realizado (desde una perspectiva geográfica, social y participativa), pudimos identificar ciertas etapas histórica-temporales, donde los migrantes configuraron procesos de apropiación de manera gradual en el espacio urbano-rural, resignificando un territorio que pasó de ser un área de oferta laboral a un territorio de cierta impronta cultural que los identifica. La configuración de un mercado económico especializado en la producción y exportación de cebolla, con una presencia boliviana visible no solo como el/la trabajador/a estacionario/a y asalariado/a, sino también como productor/a familiar capitalizado/a, ha originado también una reconfiguración del área urbana, no solo en la planificación, sino también en la demanda de servicios básicos y partidas presupuestarias por parte del estado local. De esta manera, aparecen territorios específicos de fuerte impronta cultural como los barrios que, a medida que fueron creciendo en población y viviendas, fueron creciendo también en demandas específicas, como escuelas, salas médicas, espacios de práctica religiosa, centros comunitarios, subdelegaciones, entre otras. Estos barrios periféricos, que inicialmente solo contaban con servicios básicos, de tierras poco rentables y áreas marginales, fueron las oportunidades que encontró el migrante para poder acceder a una vivienda propia y precaria inicialmente. Con el crecimiento poblacional posterior de otros migrantes que continuaron llegando, estos barrios se reconfiguraron, tratando de ajustarse a la planificación urbana de la localidad, adoptando una interesante dinámica y siendo objeto de inversiones de otros sectores que se fueron involucrando a medida que crecía, dándole hoy una dinámica distinta e inclusiva. De este modo, las acciones colectivas de apropiación se fueron haciendo evidentes en diversas dimensiones de la condición humana (Arendt, 2005) del colectivo migrante, produciendo que espacios inicialmente segregados se convirtieran en “aparentes espacios de integración”. Sin embargo, antes ciertos eventos o momentos de crisis económicas productivas, pueden poner en evidencia que la segregación social y cultural persiste de manera latente, aflorando cuando una situación conflictiva lo permite. Nos interesa indagar sobre cuáles son esas representaciones que tienen los sujetos o actores sociales involucrados sobre la colectividad migrante boliviana en el territorio, que pueden, potencialmente ante ciertas circunstancias, resultar conflictivas. Esto nos conlleva a pensar ¿Si realmente las estrategias de apropiación territorial que los migrantes fueron adoptando en los diferentes contextos socio-históricos generaron verdaderos procesos de integración socio-espacial? Analizar las representaciones como metodología de enfoque, puede permitir determinar potenciales conflictos en un territorio de multiterritorialidades. El territorio en sí mismo es objeto de representaciones múltiples, pues múltiples son los actores que desde sus visiones, interpretaciones e intereses le atribuyen determinadas características, potencias, significados y apropiación (Velázquez, 2010). En este sentido, resulta clave el análisis de las entrevistas semiestructuradas de diferentes actores que se involucran (migrantes, no migrantes, descendientes de migrantes limítrofes, descendientes de europeos, representantes de las instituciones educativas, de la sociedad de fomento, asociaciones de fútbol, representantes de la municipalidad, entre otros). Pero también el apoyo metodológico en la observación participativa y el análisis de los discursos, plasmadas en los medios de comunicación y divulgación local, permitirán tener una mayor diversidad de percepciones y representaciones de los actores.