En colaboración con el doctorando Carlos Barria Oyarzo
Se presenta un estudio de caso, sobre la construcción de un territorio por parte de migrantes quechuas, que provienen de zonas de rurales del departamento de Cochabamba, Punata (Bolivia). En este sentido, se pretende realizar un aporte al campo de estudio, tratando de dar cuenta de la heterogeneidad de un espacio, recuperando la experiencia de los sujetos a través del lugar practicado, nos interesa analizar el modo en que los este grupo de migrantes construyen su lugar, así como parte del mismo proceso reconfiguran sus identidades y tramas de sentido residiendo en una sociedad industrial-petrolera distante del lugar de origen. Nos interesa conocer las particularidades que adquiere el desplazamiento de un grupo étnico, a una zona geográficamente distante del lugar de procedencia y la construcción de un espacio y vínculos que constituyen a este en comunidad, como parte de un proceso de territorialización y resignificación de la memoria.
Concebimos el territorio indígena –en contexto urbano- desde una construcción dinámica y cambiante, considerando que se imbrican de modo complejo narraciones, marcaciones y las prácticas que van dejando “huellas” materiales del proceso migratorio, en un contexto urbano. Si bien, acordamos que el individualismo de la vida urbana, contamina en varios aspectos los componentes comunitarios indígenas, en el caso analizado observamos que debemos reparar en aquellos elementos que el trabajo etnográfico nos permite considerar, vinculados a las características que asume el mundo andino en un contexto migratorio urbano-industrial.
Así, nos proponemos analizar las particularidades que adquiere la construcción territorial en un espacio urbano de la ciudad de Comodoro Rivadavia por parte de migrantes bolivianos-quechuas provenientes de zonas rurales de Punata (Cochabamba, Bolivia). Nos interesa conocer cuáles son las continuidades y cambios en las experiencias de las y los migrantes a través de la organización del espacio en el código 748, que fuimos denominando “El Zanjón” (por las características topográficas del lugar). Para esto se utilizó una metodología de tipo cualitativa, desde un enfoque etnográfico, donde se buscó recuperar sentidos y experiencias del grupo de migrantes quechuablantes en contextos migratorios campo-ciudad. En particular, analizaremos las marcas en el territorio que generan las prácticas del grupo de mujeres migrantes andinas, que de modo permanente deben diferenciar, proyectar y actuar generando espacios donde plasman y dirimen acerca de cuestiones “de lugar” privado-público-rural-urbano- en contextos de desigualdades de género y nuevas presencias en el territorio.
La construcción de un territorio
En la construcción del territorio de “El zanjón”, cobra relevancia la recuperación de una memoria individual y colectiva, donde se recuperan experiencias del lugar de origen y se resignifican en diversas situaciones, tanto en la cotidianeidad como en el tiempo de festividad.
Es la construcción de la territorialidad quechua-punateña, la que otorga sentido a las prácticas cotidianas del grupo de migrantes que desarrolla diariamente, y en el despliegue que se efectúa en el transcurso de las festividades que congrega a la comunidad sin distinciones generacionales. En particular, son las mujeres quienes deciden practicar la memoria diariamente, recuperando recuerdos que permiten recrear diversos modos de celebración, de necesidades, y de resolver problemas de diversos tipos como cuidados en salud, maternidad, alimentación y demás condiciones de vida.
Territorio de control. Salud y cuidados
En “El zanjón”, el sistema de salud provincial realiza un despliegue de seguimiento y control exhaustivo por considerar a esta población “en riesgo”. Entonces, agentes de salud transitan los hogares registrando características de las viviendas, del cuidado de animales y de toda la familia. Se otorgan turnos de visitas al Centro de Salud más cercano y se busca básicamente un seguimiento pormenorizado de embarazos, crecimiento de lxs niñxs entre otras cuestiones que reflejan las políticas sanitarias provinciales. Paralelamente existen una serie de prácticas que el grupo de migrantes quechuablantes desarrollan con cierto ocultamiento porque reconocen que no sería aceptado por el sistema médico. Para diversos cuidados –sobre todo las mujeres- apelan a sus conocimientos acerca de plantas medicinales, alimentos curativos, ungüentos, inciensos, entre otros elementos que pueden ser de uso cotidiano y ellas los emplean con poderes curativos.
Desde una perspectiva etnográfica, buscamos analizar las vinculaciones entre memoria y territorio en un contexto migratorio donde un grupo de quechuablantes deciden resignificar prácticas de cuidado del cuerpo y la salud.