Expone, en clave de conclusión, los momentos decisivos del enfoque y procedimiento de la intervención educativa denominada proyecto LEM Guaviare, a partir del cual se inició una transformación cultural en diversos sectores del departamento del Guaviare, Colombia. LEM Guaviare o lectura y escritura con medios (2015-2017), fue el resultado de una alianza estratégica entre el IECO de la Universidad Nacional de Colombia, la Fundación para el Fomento de la lectura, Fundalectura, y la Secretaria de Educación del Guaviare, con el propósito de fortalecer las competencias lectoras y escritoras en niños y jóvenes en cuatro municipios que del departamento del Guaviare.
La investigación creación reconoció, analizó y reinventó procesos culturales del territorio educativo a la luz del posconflicto, buscó narrativas audiovisuales y relatos de existencia donde tiene lugar lo real, lo imaginario y lo simbólico de un pasado violento. Fue preciso oír a los actores involucrados (maestros, niños, padres, autoridades del estado y comunidad educativa), recorrer la región, observar los cambios en las formas en que las personas se comunican, usan el lenguaje y las tecnologías, dialogar, aprender a mirar, narrar, producir textos. Mediante tres ejes sinérgicos se fortaleció las competencias lectoras y escritoras buscando la apropiación social de la ciencia, la tecnología y la innovación (CTeI): la investigación-creación educomunicativa como una estrategia epistemológica y una práctica etnográfica narrativa que transita entre lo expresivo, comunicativo y receptivo creando saber formalizado en textos de diferente índole como acontecimientos que cargan modelos de identidad y enfoques históricos donde se inscriben las diferencias, donde se confrontan y tienen lugar los imaginarios y las dimensiones simbólicas de una comunidad y una región; la dotación de bibliotecas y laboratorios audiovisuales acompañados de la formación de 100 maestros y 6 bibliotecarios en cuatro municipios a través de un curso de lectura y escritura multimedia y transmedia; y la formación de 21 docentes, seleccionados mediante convocatoria pública, como Magisteres en Comunicación y Medios, garantizando la permanencia y el enriquecimiento futuro del proyecto LEM.
La investigación en comunicación es un proceso creativo de cortes, balance y retroalimentación, no un conjunto fijo de categorías que dirigen la comprobación a partir de la descripción y explicación de una problemática que afecta la realidad. No hay teoría ni método que corrija definitivamente las grietas de las decisiones humanas y las acciones sociales. Si la educación es una institución social que produce subjetividad y controla al sujeto, también es un empresa cultural que no cesa de innovarse y proyectarse – con desconfianza y en pequeños saltos– en la economía social del conocimiento. La educación como comunicación es un hacer relacional e intersubjetivo que articula diversas fuerzas para el cambio social, la producción de imaginarios y representaciones simbólicas que canalizan lo real. Razones como estas nos hacen pensar, al lado de varios investigadores latinoamericanos, que sin comunicación no hay procesos sociales de cambio, puesto que las mediaciones (Barbero, 2010) y los dispositivos que agencia diversos espacios y tiempos, corren el peligro de aislarse sin reconocimiento ni desarrollo endógeno.
A la luz de las estrategias comunicativas, la educación que echa mano de los medios de comunicación, continuamente transformados por las tecnologías, incluye la diversidad cultural y los disensos sociales en un proyecto común; por consiguiente, la comunidad educativa es un campo de fuerzas donde gestionar procedimientos creativos, cuyas fases son vínculos simbólicos intermediarios para las nuevas ecologías de la vida. Desde luego, en la era de la economía creativa, este lenguaje de vínculos que la comunicación configura en los territorios nacionales se torna más importante si un proyecto como Lectura y Escritura con Medios, LEM, toca una región intercultural como el Guaviare, agobiada históricamente por el desbarajuste social que causa la violencia. LEM reflexiona sobre las prácticas educativas, compartiendo y habitando la diversidad cultural generada por años de colonización, desplazamiento, migración, conflicto y desarrollo.
Levantando un acta crítica desde Suramérica, decimos que “desde la periferia se piensa mejor pues se lo hace intempestivamente, a partir de la diversidad, en la lucha epistemológica contra el Capitalismo Cognitivo a partir de las preguntas esenciales comunes a todo pensamiento negativo: conocer qué, para quién, desde dónde” (Sierra, 2016, p. 121). De suerte que las culturas populares –tan caras a la educación de nuestros días por estar agenciadas por las industrias culturales y la economía creativa consumista– despliegan creatividad, innovación y conocimiento, matrices comunicativas que tienen que convocar una educación para el cambio, puesto que rompe o debe romper la dependencia del capitalismo cognitivo redituable, en busca de un entorno democratizador e incluyente para que los escenarios culturales (comunidad educativa) y sus actores (estudiantes, profesores y directivas) produzcan mediaciones y transmediaciones (vínculos o relatos) que protejan el capital simbólico de las regiones, las diferencias culturales (su propia historia y memoria) y la biodiversidad.
Guaviare es un territorio donde se sienten la inequitativa distribución dela riqueza, la vulnerabilidad social y el conflicto político y económico que representa lo ilegal, obstáculos para el acceso a la educación, para pensar la riqueza de la cultura oral, y la cultura escrita a través de materiales de calidad: álbumes ilustrados, libros bien editados e historias de excelente factura narrativa y talento literario, libros con una eficaz información científica y de clara consulta de temas hoy sensibles para la humanidad (medio ambiente, ecología, historia regional, industria agropecuaria y ganadera, astronomía, geografía, tecnología de la información y la comunicación, arte y pensamiento visual, cultura deportiva, geología, arqueología, etc.), así como materiales audiovisuales (documentales y argumentales) con los que hoy cualquier sujeto entra y se apropia de las transformaciones de la modernidad globalizada.
Con el tiempo la etnografía audiovisual nos hizo comprender que la representación del otro (tanto en forma escrita como audiovisual) no era sino una expresión resultado de elecciones y criterios provenientes de una manera particular de ver las cosas, que en realidad no representaba la totalidad de cómo deberían verse. Es decir, ver equivale a tener una intención e, incluso, obliga a ver con un interés determinado. De suerte que, una vez la etnografía audiovisual toma relevancia, comienza a aportar modos de registrar al otro, maneras diferentes de contactar, comunicar, intercambiar y expresar su mundo social; porque hay tantas formas de vivir como de mirar, de registrar, de escribir al otro y su entorno. Aquí vuelve el tema de la subjetividad presente en toda investigación audiovisual de carácter socio-antropológico, pues hay muchos que niegan la legitimidad científica a la representación audiovisual como modo de producir y vehicular conocimiento. (Geist, 1997, p. 110).
Las producciones audiovisuales que nos rodean y configuran no solo las interpretamos, sino que las construimos y las creamos. Los textos audiovisuales hacen parte de nuestro proceso cultural, constituyen nuestro universo simbólico y configuran nuestra realidad interna, conforman nuestra subjetividad. Las narrativas audiovisuales nos ayudan a representar el mundo, explicarlo y experimentarlo. La audiovisualidad tiene efectos reales sobre las relaciones sociales y el medio natural en que esos comportamientos tienen lugar, impone de manera contundente o solapada una percepción de los pueblos y las etnias y cohesiona, deriva o distorsiona nuestra propia identidad (Ardévol y Muntañola, 2004, p. 14). Estamos muy acostumbrados a elaborar conocimiento con textos escritos, pero no con textos audiovisuales. Si a los primeros se les asegura una elaboración cognitiva, a los otros se les achaca emocionalidad, como si la emoción no fuera esa posibilidad humana que también construye conocimiento nuevo. Pensar la audiovisualidad no únicamente como dispositivo de la cultura global que produce y consume textos comunicativos multiexpresivos y fragmentados, sino como investigación creación, un saber-hacer que moviliza todo el espectro del lenguaje y que participa de un hacer-saber de la alteridad y su enunciación –escritura– donde emergen la experiencia del sujeto, la verdad y el sentido, es una condición básica y eficaz para construir relatos de paz (pasión) en el país.
La ponencia incluye un video de presentación de LEM Guaviare (2 min) y un tráiler (3 min) de uno de los documentales producidos en la Maestría en Comunicación y Medios: El retorno de la memoria. En este audiovisual, los niños de un colegio y su profesora en interacción con los fundadores y colonos del lugar, narran la historia conflictiva del municipio El retorno, centro de diversas violencias, imaginarios y representaciones sociales.
Bibliografía citada:
Geist, Ingrid. (1997). La alteridad en la etnografía y la narrativa literaria. México: Libros de versión, UAM-X.
Ardèvol, Elisenda y Muntañola, Nora (coord.). (2004). Representación y cultura audiovisual en la sociedad contemporánea. Barcelona: UOC.
Sierra Caballero, Francisco. (2016). Capitalismo Cognitivo e Industrias Culturales: Una lectura crítica desde el Sur. Quito: CIESPAL
Martín-Barbero, J. (2010). De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía. Barcelona: Anthropos.