Resumen de ponencia
La ciudad enmarañada. (Re)pensar los espacios de posibilidad del resistir
Grupo de Trabajo CLACSO: Pensamiento geográfico critico latinoamericano
*Carla Eleonora Pedrazzani
La ciudad con la que nos encontramos hoy es un entramado complejo de diversos procesos espaciales e históricos. En la actualidad, la consolidación de políticas neoliberales y postneoliberales junto a diversos procesos vinculados con la globalización, ha producido y producen profundas transformaciones en la estructura urbana de la ciudad tanto en su morfología como en las prácticas y vivencias de quienes las habitamos. Los procesos urbanos que están sucediendo en las ciudades, y en nuestro caso, en las ciudades latinoamericanas nos plantean un abanico de temáticas y problemáticas vinculadas al espacio, a lo político y a su co-implicancia. Si concebimos a la ciudad como construcción social resultado de la interacción de diversos actores -individuales y colectivos- y sus lógicas, es de importancia adentrarnos al análisis de los procesos que se vienen sucediendo y, allí, poder reflexionar también respecto a las categorías conceptuales y de las propias prácticas que nos ayudan a comprenderlos.
La ciudad ha sido y es hoy un espacio en disputa por una heterogeneidad de actores, sujetos, grupos y sus lógicas. En muchas de las ciudades latinoamericanas nos encontramos con un espacio urbano regido por una lógica de captura de ganancias y rentabilidad económica. Un espacio abstracto, espacio mercancía, vuelto un “negocio” en disputa por diversos grupos y actores. Una producción de espacio que detenta territorios y procura volverse la forma hegemónica y dominante, ser la forma en que las ciudades tienen que ser construidas y vividas. La producción del espacio urbano, en el marco de una lógica mercantil, se convierte en una de las maneras más eficaces para absorber el excedente de capital y también potenciar su reproducción y acumulación. Lo que Harvey (s/a) ha denominado como acumulación por desposesión
La ciudad, entonces, se convierte no sólo en el espacio de acumulación sino también en el objeto concreto del proceso de valorización, donde los gobiernos y coaliciones de poder económico y político apoyan estos procesos de transformación a favor del capital y del capitalismo como modo de producción. Se modifica así la concepción de ciudad y en ese cambio, la concepción de las relaciones estado/ciudad/sociedad/capital (Vainer, 2015).
Como contraparte de este proceso, un gran contingente de población “no puede acceder a las viviendas construidas por el sector privado y no encuentra una alternativa en las iniciativas del sector público” (Trivelli, 1982: 8), presentándose un esquema atomizado en el que quedan pocas opciones de accesibilidad a soluciones habitacionales de forma individual, al suelo urbano como propietario, a la propia ciudad y a las prácticas y acciones que pueden llevarse a cabo en ella. Acorde a ello, otras formas o lógicas de producción y reproducción de la ciudad quedan relegadas a ciertas zonas de la ciudad, a la periferia de la ciudad, a zonas poco accesibles, con problemas ambientales y en la prestación de servicios, junto a una escasa accesibilidad. Es justamente a estas zonas a las que muchas veces se la cataloga como lo “irregular”, “informal” e “ilegal”. Lo que rige, entonces, es la competitividad urbana como ideología y en ese contexto la centralidad de la ciudad y la vida urbana no es para TODO/AS; lo es solamente para quienes tienen el poder (político, económico) y los recursos de imponer su visión de orden urbano, de progreso y de desarrollo (Llorens y Pedrazzani, 2013). Poder de decisión respecto a la ciudad y a las formas en las que se debe habitarla.
Bajo el lema del progreso y desarrollo para la ciudad, se sigue apostando a un modelo de desarrollo concebido como crecimiento económico ilimitado en el cual se han presentado las mayores desigualdades sociales y concentración de ingresos en determinados grupos y personas. Un desarrollo que genera pobreza y depredación de la naturaleza y que pone en tensión territorios y territorialidades constituidos por conocimientos y saberes otros, prácticas comunitarias y colectivas. Acorde a esta idea de progreso se piensa, entonces, un solo tipo de ciudad y un orden urbano único vinculado a las necesidades de los grupos hegemónicos y de mayor poder adquisitivo, al reino del capitalismo.
Aún en los gobiernos progresistas, en el ámbito de las políticas habitacionales y urbanas los estados han redefinido su papel en concordancia con una mayor presencia y accionar del mercado. De esta forma, se fortalece una tendencia al favorecimiento de intereses de tipo privado en la producción, planeamiento y regulación de la ciudad; entregándose a este espacio a las dinámicas del mercado. Decisiones sobre intervenciones públicas y transformaciones en la ciudad pasan a ser negociadas por el gobierno con corporaciones privadas, lo que Vainer (2015) denomina como la democracia directa del capital que se conjuga con las legislaciones especiales o legislaciones de excepción que permiten la realización de determinados proyectos urbanos a pesar de no estar contemplados de esa forma en las normas y ordenanzas, logrando así que se las considere dentro de la norma.
La intención de este trabajo es abordar los movimientos sociales urbanos, recuperando específicamente la experiencia de la Multisectorial a través de una reflexión en torno a las formas de pensar, sentir, hacer y vivir la ciudad que emergen desde las narrativas y vivencias de este movimiento. Y desde allí (re)pensar su praxis política en tanto prácticas espaciales alternativas que construyen y la emergencia de espacialidades otras en la ciudad.
Para este trabajo, no sólo existe una revisión bibliográfica sino también la articulación de diversas técnicas y herramientas metodológicas en un trabajo de campo conjunto y compartido con la Multisectorial.