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Resumen de ponencia
Constituyentes Móviles: Movimientos ciclistas en Colombia y su incidencia en los territorios.

*Juan Camilo Gómez Ballén




Si el espacio jurídico-político es objeto de constituyentes el espacio público también lo es.
Colombia es uno de los vitrales sobre los cuales el concierto de las naciones apuesta hoy sus ojos, su historia reciente abriga episodios como conflicto interno guerrillas-estado, narcotráfico, narco-política, Violencia política y una sucesión de derivaciones asociadas a las sendas desigualdades socio economicas, políticas, etnicas etc. El posconflicto es el episodio que permite avisorar nuevos virajes en el curso de la nación, sin embargo es importante no soslayar los otros conflictos que desconocen en la cotidianidad a victimas sin rostro, solo para presentar una cifra general en el año 2017 la cifra de muertos que dejó el enfrentamiento armado entre guerrillas y ejército dejó un saldo de cero muertos en enfrentamientos, a despecho de los casos de lideres sociales asesinados que alcanzó mas de 200, se quiere considerar que uno de los indices de violencia y muerte en el país, puntualmente en la ciudad es el accidentes de tránsito contra todo pronóstico su tendencia aumenta cada año, y aun su causalidad se atribuye a asuntos mecánicos y de imprudencia al volante, sin embargo tras de estas cifras se esconde una conducta naturalizada en el espacio vial que categoriza la vida de unos por encima de la de otros, en este sentido hay ciudadanías marginadas y ciudadanías privilegiadas en el acto de la movilidad, no es algo de poca monta la movilidad y el transporte en metropolis de mas de un millon de habitantes, al contrario es una preocupación central de las administraciones ; sin embargo sí lo es la relación conductores, peatones, ciclistas , una amalgama de relaciones de poder se fragua de manera cada vez más acelerada y carburada en el espacio vial, un espacio de conflictos desclazados, donde las categorías de violencia política o económica no responden con eficiencia para explicar el fenómeno, de por qué se están matando unos desconocidos a diario y fundamentalmente de por qué es pertinente des escalar este conflicto luego de identificadas sus raíces.
La construcción de nuevas ciudades ha sido una preocupación siempre vigente no solo por los tomadores de decisiones públicas sino también por los sujetos que la habitan y que a diario la re-construyen, la socializan y la recorren; aquí se quiere destacar el papel que en la actualidad cobra el movimiento de ciclo usuarios como constituyente móvil, a ellos se les mira como colectivo de ciudadanos que propone cambios en la cultura la movilidad y acceso desde el espacio vial fundamentalmente, pero que también logra avizorar la protección y conservación del territorio, de la vida y la resignificación del espacio público como un bien común, se les confiere un rol clave configuran un sujeto colectivo constituyente de redes móviles que ensamblan múltiples puestas acción. En un primer momento se presenta la situación de conflictividad vial que es característica de la ciudad contemporánea así como su incidencia en el comportamiento de las sociedades pues allí se producen y reproducen comportamientos individualistas agresivos, y violentos (puntualmente de automotores contra peatones y ciclistas). Luego se presentan algunas experiencias de renovación urbana y cultural que han sido exitosas demostrando que un giro en el paradigma urbano es posible y que ciudades más humanas son viables; este punto se articula con el papel de los movimientos ciclistas y su papel como constituyentes móviles que instalan en la agenda social de sus territorios la defensa de la vida, la buena convivencia en las vías, el derecho a la ciudad, el feminismo, el medio ambiente, la educación, y un repertorio variado de causas bajo las cuales la bicicleta como llave maestra resulta auspiciadora de encuentros ciudadanos que se funden en los flujos masivos de personas que son habituales en la ciudad contemporánea, rastrearles como movimiento social emergente resulta oportuno para enunciar una tendencia social que se replica en más lugares desde los cuales franquean niveles de organización, emprendimiento e interlocución públicos cada vez más altos en la sociedad y desembocan procesos re-constituyentes de la movilidad y de la ciudad como la conocemos, esto significa dar una mirada mucho más profunda detallada a la bicicleta para encontrar y entender la trascendencia que como objeto/espacio/cultura en construcción y remodelación permanente comprende, y la convierte en una potente catalizadora de apuestas colectivas. Finalmente se hace una breve presentación de las identidades que se tejen alrededor de la bicicleta, el ejercicio interpretativo de atravesar sobre el prisma analítico aquello que significa el ciclista- ciclismo y los vínculos identitarios que subyacen allí.

Con la creciente densificación de la ciudad y la masiva comercialización de vehículos motorizados se asiste a un escenario de alta conflictividad vial en las distintas ciudades del mundo. En el marco de ciudades globales y modernas se ha privilegiado un diseño urbano veloz e hidrocarburado que representa para los gobernantes un dualismo objetivo-problema, objetivo en tanto velocidad y circulación en masa como ideales por alcanzar; y problema porque en la actualidad los niveles de congestión vehicular disminuyen sensiblemente los niveles de velocidad en el tráfico urbano (en promedio 10-30 km/h) en horas pico en las distintas megalópolis, este dualismo encierra en sí una contradicción pues supone la construcción constante de más auto-pistas circunvalares, vías etc., y paralelamente un parque automotriz creciente que las colapsará rápidamente, desatando así un ciclo ( a más vías - más carros) que tiene ya un siglo de existencia y aún no encuentra los resultados esperados
Las aglomeraciones humanas han acabado esparciéndose en innumerables arrabales autopísticos porque era la única forma de evitar la congestión de los centros de habitación. Resulta que la gente no puede circular a gusto porque están lejos de todo. Para hacer sitio al coche han multiplicado las distancias, se vive lejos de la escuela, del trabajo, del supermercado... al final el coche acaba haciendo perder más tiempo del que economiza.
El espacio vial como escenario diferenciado de otros espacios, es pensado , planificado y diseñado para el ejercicio de actividades relacionadas con el transporte y tránsito de personas, mercancías, vehículos automotores y no motorizados, en función del mismo se le atribuyen visiones tan instrumentalistas que impiden concebirle otros usos, el espacio construido es la representación material de las relaciones sociales que allí tienen lugar, y el repertorio de acciones sociales en dicho espacio es muy limitado, de manera que las vías atienden a la lógica de dinamizar flujos de objetos y personas en el menor tiempo posible y ello implica diseños que estimulen la velocidad en desmedro de la sociabilidad, y la seguridad.
Los peligros en el espacio vial son siempre mayores para quienes circulan sin protección física, básicamente su bienestar recae en gran parte del cuidado que tengan los conductores de vehículos motorizados (Wallstrom,2000) por momentos los conductores de tales vehículos se ven poseídos por cierta sensación de superioridad en la vía, esto les hace ver en los demás “obstáculos y molestias para su propia velocidad” al punto que se torna compulsivo el comportamiento agresivo en su movilidad cotidiana , según el balance referido por la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV) y su observatorio vial para el primer trimestre del 2018 han perdido la vida 1526 personas, entre ellas 271 son peatones y 65 corresponden a bici usuarios , adicionalmente se reporta un 60% de mortalidad en la zona urbana y un 40% en la rural, lo que pone en cuestión la eficacia de los límites de velocidad, controles y señalización que se imponen en la circulación urbana, las cifras a primer vistazo arrojan que la movilidad cotidiana en las calles no denota buenas condiciones para la convivencia ciudadana, sino que al contrario suponen peligro y conflictividad.
Aseguran muchos que el coche hizo invivible la ciudad y que alojarse en otro lugar (algunas veces) tiene motivaciones más relacionadas con la tranquilidad y las cortas distancias que con el trabajo o el costo de vida. En contraposición a este modelo constructivo que también tiene aparejado un ensamblaje socio-cultural, aparecen propuestas críticas que proceden de la academia y los movimientos sociales, ambos en procura de ciudades para la gente , de espacios sociales en donde sean la dimensión humana, la protección de la vida, el disfrute del lugar, la seguridad y el acceso equitativo al espacio público los criterios predominantes para su planificación.
De manera que si el espacio político tiene momentos de redirección constituyente, el espacio humano y los espacios públicos pueden también procurarse como democratizables y susceptibles de valorizaciones sociales, los movimientos de ciclistas o bici-usuarios se enrolan como constituyentes del espacio vial y ponen de relieve la defensa de la vida, la conservación del medio ambiente en la ciudad, la disposición de espacios para dinamizar las circulación de todos y por supuesto la transformación de la cultura , una cultura del ciclista y el peatón como actores de cambio en los territorios. Dos preguntas se podrían formular a los arquitectos del espacio urbano ¿qué pasaría si se deja de construir fundamentalmente para el automóvil? ¿Qué pasaría si se construyen más espacios (y más amables) para promover el ciclismo urbano?




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* Gómez Ballén
Departamento de Ciencias Sociales. Facultad de Humanidades. Universidad Pedagógica Nacional - DCS/UPN. Bogotá, Colombia