La reparación es una práctica poco estudiada que se articula con las transformaciones tecnológicas, el trabajo, la circulación del conocimiento, la ética del cuidado y el medio ambiente. El término “reparación” proviene de la palabra francesa “reparer” y la palabra latina “reparare”, el prefijo “re” significa “atrás” y la raíz “parare” prepararse. La reparación hace referencia a los proceso de intervenir un objeto dañado para devolverlo a una etapa anterior y que pueda realizar de nuevo la función que le estaba destinada. Es decir, reconstituye los grados de capacidad perdidos con el paso del tiempo para extender su uso presente y futuro. Reparar no es sólo rectificar, es también poder desarrollar más e innovar. A diferencia del mantenimiento, orientado a los cuidados y operaciones necesarios para que una cosa preserve su funcionamiento y no presente fallas con el desgaste ordinario, la reparación es posterior y llega cuando hay averías (ya sean por diseño o uso).
En tales definiciones la reparación y el mantenimiento se entienden como una serie de intervenciones en un mundo que decae inevitablemente en una trayectoria lineal. Esta tensión temporal -que evoca sentidos de ritmo, duración y precedencia- se encuentra en el corazón del término y sin embargo, apuntala Houston (2017:1-2), en situaciones donde los objetos se consideran “estables” y la interrupción de su funcionamiento es excepcional, la reparación solo enfatiza el “retorno” a su funcionalidad anterior. Pensar de esta manera, señala la autora, oscurece las formas complejas de cambio y desarrollo temporal.
Situados desde otro ángulo, si pensamos la reparación como un “proceso de diferenciación”, podremos entrar en sintonía con las formas específicas de los cambios socio-materiales que le ocurren a cosas especificas en momentos y lugares específicos y en tanto, visibilizar de manera simultánea: trayectorias, fragmentos y residuos que no están contenidas en las historias narradas desde la idea de retorno. La reparación desde esta óptica, hace evidentes los horizontes temporales de las averías, sumando profundidad y matices al mostrar la gran variedad de procesos implicados en las descomposturas, fracturas y fallas; pero develando, también, el trabajo creativo, inventivo e innovador que ocurre en el proceso de abrir un aparato y repararlo. Mostrando cómo lo materialidad es siempre inestable, cambiando a diferentes velocidades e intensidades.
La disposición y capacidad de reparar las cosas es también una manera de interactuar y adaptarse al entorno. Improvisar soluciones, con lo que hay a la mano, pone a prueba nuestra recursividad. No se trata sólo de arreglar o reconstruir sino de mantener. Es común cometer errores y hacer omisiones que afectan el funcionamiento de los aparatos que utilizamos a diario; el mantenimiento y la reparación cotidianos son necesarios para que las cosas sigan funcionando. Así como hay valor en el diseño, también lo hay en la reparación. Cabe señalar, que los aparatos tecnológicos no son neutros, están atravesados por decisiones económicas, sociales, políticas y simbólicas. Pero estás no se detienen en su producción en masa, distribución y venta, sino que se desarrollan a través de las vidas y muertes del objeto en cuestión: siendo completadas, ajustadas y, algunas veces, transformadas a través de su uso, mantenimiento, reparación, fragmentación y reformulación. “La producción de mercancías es también un proceso cultural y cognoscitivo: las mercancías no sólo deben producirse materialmente como cosas, sino que deben estar marcadas culturalmente como un tipo particular de cosas” (Kopytoff 1991:89). En este sentido reparar constituye a la vez, una fuente de fuerzas creativas y económicas en las que esta contenido también el aprecio y afecto por algunas de las cosas que nos rodean. Reparar, en tanto, puede ser una habilidad que hace a los que la adquieren un poco más independientes.
Las preocupaciones que impulsan la reparación son diversas, pueden transitar de la economía de recursos al trabajo creativo, de la obsolescencia programada a la reutilización y de la alfabetización tecnológica a la relación afectiva con los objetos. Hay muchas personas alrededor del mundo –ya sea como practica laboral, mecanismo de ahorro, iniciativa comunitaria, posicionamiento político– que extienden la vida de las cosas hasta lo inimaginable. Al modificar un objeto tecnológico se puede (no siempre) ir más allá de las posibilidades para las que se construyo y traspasar las fronteras que su diseño impone, rompiendo con los límites estéticos, legales, sociales y económicos que la producción industrial de tecnologías implica. Las prácticas creativas, en general, pueden desafiar temas como las desigualdades, por eso hoy más que nunca es necesario pensar sobre el desarrollo tecnológico y la manera en que transforma modalidades de trabajo y relaciones sociales. En este sentido la reparación representa una dimensión vital para la comprensión contemporánea de las tecnologías, no sólo desde la noción del consumidor-usuario, sino también desde los trabajadores como un medio de vida independiente.
Las desigualdades socioespaciales se han agrandado, las condiciones laborales se han flexibilizado sin que esto signifique más oportunidades de empleo. La mayoría de los trabajadores se encuentran en condiciones de suma desventaja en la relación laboral con sus empleadores. Al margen, en México y América Latina existen, desde hace mucho tiempo, oficios que tienen como foco el mantenimiento y la reparación de bienes. Desde lo cotidiano, constituyen a la vez una fuente importante de auto-empleo y una reacción -intencional o no- a los ciclos de vida predeterminados en los objetos industriales, donde se consolida la irrupción a los códigos -cada vez más cerrados- de dichas tecnologías y se tiene la capacidad de cuestionar (aunque sea sólo un poco) la cultura neoliberal posponiendo el consumo.
En los últimos diez años se ha producido una rápida proliferación de movilizaciones y prácticas emergentes en torno a la reparación y el mantenimiento -mayormente en Europa y Estados Unidos- entre sectores de clase media que antes no le contemplaban. Construidas desde perspectivas diversas y atravesadas por los ámbitos del diseño, las economías alternativas, la política y la ecología; están orientadas (principalmente) a desafiar los patrones de producción y consumo del modelo económico actual (en el que prolifera la cultura de lo “desechable”), como una forma de economizar, proteger el medio ambiente y también en respuesta a las conocidas secuelas socio-ambientales producidas por la llegada masiva -desde países desarrollados- de objetos de segunda mano en mal estado o descompuestos (chatarra de barcos, ropa, motores, camiones escolares, computadoras, etc.) a regiones de África, Asia y en menor medida América Latina.
Tales temas comienzan a tener mayor visibilidad en la agenda publica latinoamericana y estos movimientos -con presencia mediática e interés institucional y académico- también han generado mayor atención para los trabajos de reparación popular que son el centro de esta ponencia que toma como punto de partida el trabajo etnográfico que estoy realizado en talleres de reparación de cámaras en el centro histórico de la Ciudad de México como parte de mi investigación doctoral, con la idea de reflexionar desde el contexto latinoamericano sobre el papel del mantenimiento, la reparación, el reuso y la recursividad popular en el desarrollo tecnológico actual. Pero también sobre el acceso a la información para poder reparar, las formas en que circula dicha información y las dificultades que libran quienes se dedican a esto.