Desde hace algunas décadas, el término “innovación” ha sido incorporado dentro de la cotidianidad de las personas. Aunque el concepto es multidimensional y polisémico, lo más frecuente de observar es una tendencia a que se ligue con nuevas formas de crear los bienes o los servicios tradicionales. También se considera como una forma distinta de resolver problemas y que reditúan en cambios positivos en la solución de estos. Ello implica que no basta con abordar las situaciones con medios o con una forma distinta, sino que tiene que demostrarse que los resultados son mejores a los alcanzados con los abordajes brindados tradicionalmente. Y otra concepción de innovación ampliamente extendida es la que liga directamente la innovación con el uso de las tecnologías.
En esta línea, en el campo de la educación también se habla frecuentemente del concepto innovación, Bunes, Cánovas, Ruiz y López (2009, p.141) aluden que la innovación educativa es “La búsqueda autónoma de nuevos caminos, induciendo al cambio de mentalidad, de las representaciones y de los estereotipos, posibilitando el desarrollo de la capacidad crítica, de la autorreflexión e interpretación de las prácticas pedagógicas hasta llegar a una nueva comprensión del mundo como manera de creación de una nueva conciencia.”
De esta manera, la innovación educativa busca atender las demandas que le supone a la educación la fuerte presión social por cambios en diversas áreas de estudio, tanto de contenidos como de estrategias metodológicas y didácticas, incluso del perfil docente. Aunado a esto, la comunidad educativa se enfrenta a un mundo cambiante por los fenómenos sociales que acontecen en las nuevas sociedades, especialmente la deslocalización de la cultura frente al surgimiento de una cultura global, los cambios en la estructura familiar, la imbricación de las tecnologías de la información y la comunicación en la cotidianidad de las personas, la descentralización del conocimiento y la pérdida de protagonismo de la familia, la escuela y la religión como mecanismos de control social, hacen que el proceso educativo sea un reto para los/as profesionales de la educación.
El desafío es trascender lo tradicional con el fin de mejorar los procesos de aprendizaje, mediante la implementación de nuevas experiencias pedagógicas, que van desde el cambio de mentalidad del personal docente hasta la toma de conciencia de lo que se hace, su evaluación y transformación paulatina.
En este marco, la actual ponencia se desprende de un proceso investigativo desarrollado desde el año 2016 al 2017, en el Instituto de Investigación en Educación de la Universidad de Costa Rica, en el cual participaron más de 200 personas de forma directa, en diversas actividades académicas organizadas y ejecutadas por el equipo investigador, y seis entrevistas a profundidad aplicadas a seis docentes.
Entre los resultados más importantes del estudio se destaca:
Satisfacciones:
• Satisfacción personal y menor estrés laboral del personal docente.
• Actualización y crecimiento profesional.
• Permitirse aprender, desde sus aciertos y fallas.
• Afinar la observación en el entorno educativo, con el fin de empoderarse en la debida lectura del contexto y dar, en consecuencia, respuestas pertinentes a partir de la visualización previa de las necesidades estudiantiles y los procedimientos de actuación docente en pro del cambio.
• Asumirse como “autor” más que como “actor” en favor del progreso. Con un encargo ético a la función profesional, más allá de las tareas inherentes a la docencia.
• Mayor motivación de los(as) estudiantes y mejor rendimiento académico.
• Ambiente favorecedor con respecto a la relación docente-alumno(a) y la relación con los padres y las madres.
Retos:
• Clarificar conceptualmente lo que es innovación educativa.
• No homologar la innovación con el uso de tecnologías de la información y la comunicación.
• Erradicar la idea en el personal docente de que lo saben todo y, por lo tanto, incentivar la actualización constante para ejercer su labor.
• Llevar a cabo prácticas innovadoras conscientes, mediante la organización y planificación de las nuevas acciones de la mano con la investigación.
• Salir la zona de confort, en un ambiente donde predomina la sobrecarga laboral, por el trabajo docente y las labores administrativas.
• Reconocer (por parte de los centros educativos y el Ministerio de Educación) el trabajo que realizan los(as) docentes innovadores(as).
• Incentivar en las universidades formadoras de docentes una cultura de innovación. Más que el desarrollo de contenidos específicos asociados con la temática, la formación universitaria reclama fuertes y consistentes procesos de modelaje.
• Incentivar el compromiso, la creatividad, proactividad, la empatía, el compañerismo y la flexibilidad en la comunidad educativa.
• Acoplarse a los pocos recursos económicos, humanos, materiales y de infraestructura para desarrollar las innovaciones.
Referencias
Bunes, M., Cánovas, M. J., Ruiz, M. J. y López, R. (2009). Innovación educativa en España: un estudio descriptivo a partir de los datos en REDINED. Educatio Siglo XXI, 27, 133-168. Recuperado de: http://revistas.um.es/educatio/article/view/71121/68661