Indagar acerca de las dinámicas de inclusión de las mujeres en las listas electorales desde las experiencias de aquellas que participaron, permite comprender la relación que se presenta entre partidos políticos y mujeres en un espacio local como las Juntas Administradoras Locales (JAL) y entender que en la construcción de las listas inciden factores como la clase, la experticia, el territorio, el capital político y cultural, las leyes y los estatutos partidistas, que también entran en juego en esta selección. Analizar la participación política de las mujeres va más allá de revisar estadísticas y verificar el cumplimiento de la cuota de género, es entender la relación discordante y compleja de las mujeres que quieren acceder a los espacios de poder político electoral y los partidos políticos, y a su vez, lo que hay detrás de estos y la escogencia de sus candidaturas, es decir, aquellas dinámicas establecidas y la forma en que nuevas legislaciones les obliga a reorganizarse.
No se puede hablar de dinámicas de inclusión sin entender cuáles son las establecidas legalmente y su relación con las experiencias de las mujeres en el ejercicio político de las campañas electorales; por ello es necesario estudiar las experiencias de las mujeres para evidenciar cómo los partidos políticos son lugares regidos por normas internas y externas. Las internas son dadas por los estatutos del Partido, las externas son las impuestas por el sistema electoral establecido por las reformas legislativas que tuvieron lugar en Colombia en el 2003, 2009 y finalmente la Ley 1475 del 2011.
Por lo anterior, se destacan tres aspectos que deben resaltarse en el análisis realizado, el primero está en relación con los partidos políticos como medio para poder acceder a escaños; el segundo, los significados emergentes de un espacio de participación como las JAL, y por último, cómo las experiencias de las mujeres entrevistadas permiten comprender no sólo el territorio en el que se desenvuelven sus candidaturas, sino la forma en que el trabajo realizado en ese espacio puede constituirse en parte de su identidad.
A través de las experiencias de las mujeres en las listas, sus trayectorias, percepciones y dificultades para acceder a estos cargos, se encuentra que aunque las experiencias variaban respecto al lugar de la candidatura, había puntos en común respecto a cómo este trabajo les permitió no sólo conocer la localidad, sino conocerse a ellas mismas; así, el territorio y el trabajo realizado, independientemente de que ganaran o no, les permitió adquirir experiencia – experticia- que se convierte en una herramienta valiosa para futuras campañas.
La experiencia de 11 de las 19 candidatas presentadas para las elecciones de octubre de 2015 en las localidades y partidos escogidos, sus trayectorias de vida múltiples y diferenciadas, sobre todo por el territorio que habitan, la capacidad adquisitiva en términos tanto financieros como educativos, y el capital social que las rodea. Por lo anterior se identifica que el territorio constituye no sólo el lugar de la acción, de su trabajo comunitario, para el caso de las mujeres de la localidad de Bosa, comprende su lugar de enunciación, tanto uno como otro, construyen su identidad, lo que a ellas las define. Se evidencia una clara diferencia en el comparativo de las dos localidades, que está en directa relación con las características sociodemográficas, éstas se interceptan con el capital cultural adquirido por las mujeres, desde sus carreras universitarias, cursos de formación y experiencia de la vida, lo que junto conforma el capital con el que llegan las mujeres a las listas.
El proceso de inscripción del nombre en la lista aunque es individual, presenta características afines en las 11 entrevistadas: unas llegaron porque alguien las motiva a hacerlo, ese alguien puede ser una persona de la comunidad o un político que reconoce las habilidades para el trabajo electoral; otras presentaron sus nombres a las listas por decisión del partido, especialmente esto sucedió con las mujeres de Chapinero que manifestaron tener relación más directa con estos, en Bosa, solo la candidata del Polo perteneciente al cabildo indígena llegó de este modo; y por último, una decisión propia de “medirse” electoralmente. Todas las formas anteriormente mencionadas entran en juego con las dinámicas de los partidos para seleccionar sus candidatos/as, que, dependiendo de los estatutos de estos, puede variar entre un comité de avales hasta realizar una consulta.
Pero las dificultades que las mujeres identifican no sólo están en relación a los partidos y sus dinámicas de selección, sino a la cultura política del país y las características machistas del quehacer político, no sólo porque es un espacio tradicionalmente liderado por hombres, sino porque cuando las mujeres intentan participar en el ámbito electoral, encuentran otros obstáculos que se describen en esas experiencias individuales, así, la convergencia de vivencias se encuentra por factores de edad, maternidad y los estereotipos de la acción política, desde donde casi todas las entrevistadas mencionaron percibir y en algunos casos vivir, ciertas actitudes machistas mientras fueron candidatas.
Por lo que decidir hacer parte de una lista electoral, tiene más allá de la simple inscripción del nombre, toda una complejidad de acciones tanto de los partidos como de los discursos que se reproducen en la sociedad, que traen como resultado un escenario desigual para la participación de las mujeres, quienes no sólo deben enfrentarse a la resistencia de los partidos políticos, sino del electorado y de otros participantes, que siguen considerando el espacio electoral como un lugar espacialmente construido para la participación masculina. Así, las mujeres entrevistadas han evidenciado que la experiencia de haber participado hace parte de su capital político más preciado, por lo que, si deciden lanzarse nuevamente en otras elecciones, ya tendrán mejores herramientas para competir.