Desde la década de los sesenta, la preocupación de los académicos latinoamericanos por revertir los flujos de la información establecidos en la lógica de la Guerra Fría, y el proyecto de una radicalización de la enorme tarea de la democratización de la comunicación, el derecho de ver y ser visto, de oír y ser oído y de hablar y se escuchado, de escribir y de ser leído, independientemente del poder que otorga el dinero, la clase, la raza o el género, son una constante en la escuela latinoamericana de comunicación social. Democracia y dialogicidad perecen ser las dos notas esenciales que dan origen a nuestra tradición.
Releer supone retomar una tradición, es decir, retomar los comienzos y re-comienzos de un sujeto singular, complejo y heteróclito: nosotros mismos, nosotros los latinoamericanos. ¿Cómo pensar los actuales problemas de investigación en la comunicación social? Repensar la tradición latinoamericana de la escuela de comunicación social nos puede señalar caminos para abordar el estudio de los densos flujos, las agitadas corrientes, el complejo proceso de circulación de las noticias, las mercancías y las personas, es decir de la compleja trama de la comunicación social en nuestras sociedades, donde la tradición democrática, las aspiraciones nacionales y populares se enfrentan a la reconfiguración de los nuevos poderes: el de los multimedios y las trasnacionales, asociadas a la corrupción judicial y las vueltas a las recetas del neoliberalismo.
Las demandas por un pensamiento renovado surgen, entonces, como una necesidad de este nuevo panorama social, y el esfuerzo por construir una nueva caja de herramientas parece imponerse en la escena contemporánea.
Así lo atestiguan las producciones surgidas bajo la egida de la crítica al eurocentrismo de corte wallensteniana, refundida con el proceso multiétnico del Ecuador, como son las posiciones decoloniales y posmodernas, también la comunicación intercultural constituye un campo riquísimo de nuevas reflexiones. Se suman a esto ciertas corrientes del pensamiento poscolonial tanto las del portugués de Sousa Santos, o de las lecturas que retoman las tradiciones de la negritud y de la “creolite”, sumados a una corriente local de comunicación colectiva, la surgida en las luchas de las radios mineras, o las radios campesinas.
Los procesos sociales contemporáneos configuran procesos de producción circulación y consumo como emergentes del universo comunicativo, devenidos en hechos comunicativos, plausibles de explicaciones y análisis desde la comunicación social como campo de investigación. Por lo tanto, dichos eventos propician interpretaciones significativas desde la construcción del conocimiento, que se conforman y consolidan como paradigmas, corrientes y escuelas. Pero es válido advertir que dichas teorías representan contenidos plenos de significación histórica.
Desde este marco temático general se hace necesario organizar un recorrido histórico por tales teorías, que nos permitan revisar y repensar su validez ante nuestra propia realidad y la complejidad de sus fenómenos. Hablamos de teorías, paradigmas y escuelas en oposición a la idea de una única teoría de la comunicación vigente (Mattelart, 1997). Así, aspectos históricos se cruzan con cuestiones políticas y significaciones regionales en la construcción del universo comunicativo, estableciendo configuraciones epistemológicas a las cuales atender en la reconstrucción de tales corrientes (Silva Echeto, s.f). Algo que pone en juego nuestro quehacer investigativo en dicho campo. De modo tal que el desafío es revisar las distintas corrientes teóricas del campo de la investigación en comunicación, reconstruirlas y entender sus estrategias para abordar los problemas de la realidad (Beltrán, 2007).
Un camino adecuado para semejante empresa, se nos ocurre puede ser la relectura del corpus latinoamericano en comunicación social. El releer los textos iníciales busca re-pensar esa tradición. Nuestro punto de vista, será proponer esta relectura como un trabajo teórico fecundo para este momento de inflexión. Se trata de pensar desde un sentido histórico, nunca destinado a rumiar el pasado, sino destinado a saber exactamente:
cuanto es la fuerza plástica de un hombre, de un pueblo, de una cultura, me refiero a esa fuerza capaz de crecer originalmente a partir de sí misma, de transformar lo pasado y lo extraño, de curar heridas, de reemplazar lo perdido, de configurar de nuevo la formas quebradas (Nietzsche, 1997, p. 32.).
Globalización, mundialización y recuperación de las iniciativas populares y democráticas de los espacios, locales, nacionales y latinoamericanos, como así también la aspiración de una comunicación horizontal, entre los que habitamos el sur y sostenemos que el sur es nuestro norte.