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Resumen de ponencia
LA VICTORIA DEL “NO” EN EL PLEBISCITO PARA LA PAZ EN COLOMBIA: EL PAPEL DE LOS MEDIOS DE COMUNICACIÓN

*Laura Rocio Almeciga Malagon
*Nicolás Acero Salcedo



La historia de Colombia ha estado sumida en una violencia entre diversos actores que ha dejado una inmensa cantidad de víctimas. Varios de ellos han planteado que esta inicia “en las décadas de 1920 a 1960, con una intensificación entre los 40s y 50s hasta desembocar en 1964 en la conformación de las FARC, el ELN y el EPL” (Giraldo, 2015, 416).
Dentro de los levantamientos guerrilleros que tuvieron lugar en el año 1964, se da el surgimiento de una guerrilla denominada Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia - Ejército del Pueblo (FARC-EP), en medio de “un proceso de autodefensa campesina acaecido desde la década de los cincuenta” (Rodríguez, 2013, 2). Posteriormente la guerrilla adquiere ideología de izquierda comunista, de carácter marxista leninista, en oposición al Estado y llega a constituirse como “la más representativa por ser la más antigua del continente y por su extracción campesina que ha develado las más profundas inequidades y exclusiones en Colombia” (Ídem).
En el año 2012, durante el gobierno de Juan Manuel Santos, se inicia el proceso de diálogo que buscó darle una salida negociada al conflicto interno con la guerrilla de las FARC-EP. Este proceso tuvo una duración de cuatro años, finalizando en el año 2016 con la aprobación, como mecanismo de refrendación por parte de la sociedad a los acuerdos, del plebiscito por la paz por parte de la corte constitucional. La votación tuvo lugar el 2 de octubre del mismo año en las urnas de todo el país (El Tiempo, 2016). Los resultados de dicha contienda electoral, de manera inesperada, fueron en contra de las negociaciones alcanzadas. A la pregunta hecha a los colombianos “¿apoya usted el acuerdo final para la terminación del conflicto y la construcción de una paz estable y duradera?” el 50,21% de los votantes respondió que NO frente a un 49,78% que, por el contrario, aprobaba los acuerdos de paz (Registraduría Nacional del Estado Civil, 2016).
El resultado electoral dejó como ganador la posición del “NO” cuyos máximos impulsores fueron la bancada del “Centro Democrático”, partido del expresidente Álvaro Uribe Vélez y el cual tiene una ideología marcada de derecha radical, junto con una gran parte de empresarios y terratenientes del país. Tal resultado fue inesperado para muchos analistas políticos y para los diferentes sectores que apoyaban la opción del “SÍ”, pero, además, llevó a modificaciones en temas importantes del acuerdo (El Tiempo, 2016). Sumado a esto, el resultado apretado que dejó tales comicios expone la polarización en la sociedad colombiana respecto al tema de la paz (El Tiempo, 2016) luego de vivir más de cincuenta años de violencia.
Es menester identificar los mecanismos para hacer campaña usados por parte del sector impulsor del “NO”, además de entender el trasfondo político de estos, junto con los medios que fueron usados para llegar a la población y así generar el respaldo de dichos motivos, razones y sentires, que les llevó a votar en contra de las negociaciones alcanzadas.
Con base en lo anterior, urge entender el rol tan importante que cumplen los medios de comunicación tradicionales en el proceso de construcción y estabilización de una democracia. No solo se puede asociar a la democracia con la prensa libre, sino también se debe entender que “una idea alternativa de la democracia es la de que no debe permitirse que la gente se haga cargo de sus propios asuntos, a la vez que los medios de información deben estar fuerte y rígidamente controlados” (Chomsky, 2007); en este modelo de democracia, los medios de comunicación no solo fabrican consensos, tal como lo menciona Lippmann, sino que además, crea una clase especializada encargada de resolver y entender los problemas presentes en la sociedad. Esto genera una división de la sociedad en dos grupos, en donde existe la clase elite anteriormente mencionada y, por otro lado, el rebaño desconcertado, en donde los primeros ejercen la parte ejecutiva y los segundos son simples espectadores (Ídem).
Ahora, este segundo grupo social debe ser manejado de alguna manera, es allí donde se fabrican los consensos, en donde se tiene como objetivo movilizar la opinión de la población y que se realiza a través de la creación de conceptos vacíos pero que sean capaces de recoger a la mayoría de la sociedad (Ídem), en el caso colombiano, durante gran tiempo de la campaña por el “NO” se hacía alusión a “la gente de bien” entendiéndose como aquellos que no son guerrilleros generando un sesgo negativo hacia estos actores armados y el cual también se fortaleció por las maneras de transmitir las noticias por parte de algunos medios de comunicación, como el caso de RCN Noticias, donde para el año 2013 presentaba al medio con una tendencia neutral-negativa frente al proceso de paz (Charry, 2014, 640).
Cabe destacar que las distintas tácticas de los impulsores del “NO” no solo se enfocaron en los medios de comunicación tradicionales sino también en el uso de la red social Twitter la cual, en el mundo de la comunicación política y electoral, según Ureña y Rodríguez y citando a Piscitelli, la red “se ha convertido en uno de los mecanismos de comunicación más poderosos de la historia” (2012, 2). Sumado a esto, los usuarios de la red social se desarrollan también como líderes de opinión y que al momento de interactuar con ellos “la influencia puede propagarse como una bola de nieve también a quienes estén en sus círculos más cercanos” (Ídem, 7).
Restrepo y Martínez afirman que “Las razones del "NO" hay que buscarlas en el rechazo de parte de la élite -especialmente vinculada a intereses agrarios y la ideología conservadora-” (2016, 1). Es así como la campaña del NO se encargó de “moverse en las profundidades de la psicología afectiva” (Revista Semana, 2016). Lo que pretendían era llegar a ese sector de la sociedad que se encontraba indeciso frente a los acuerdos de paz y convencerlos de que dichos acuerdos estaban en contravía de los valores esenciales de los colombianos (Ídem). Por tanto, relacionado con los postulados de Chomsky, los argumentos usados llegaron a ser inverosímiles haciendo uso, por ejemplo, de afirmaciones como la implantación del castrochavismo con la aprobación de los acuerdos. González menciona que “los partidarios del rechazo fueron hábiles para utilizar las redes sociales y merece atención el tipo de discurso que utilizaron, las fibras que tocó la campaña (...) y la forma en la que se conectó con cuestiones coyunturales del país” (2017, 1).
Otro elemento que permite entender la manera en la que se desenvolvió la campaña del NO, es la influencia que tuvieron en la creación y modificación de la opinión pública. Noelle-Neuman resalta el “asombroso poder de la opinión pública para hacer que el individuo se someta a los reglamentos, las normas y las reglas morales sin recurrir a la ayuda de legisladores, gobiernos o tribunales” (1995, 88). Esto, visto desde la teoría de la espiral del silencio, permite entender cómo los consensos creados, según Chomsky, son expresados por medio de la opinión pública y “crea las condiciones que impulsan a obrar a los individuos, incluso en contra de su voluntad” (Ídem). Quien no siga dicha línea de opinión está condenado al aislamiento y rechazo dentro de la sociedad.
Finalmente, para concluir el análisis del discurso usado por los medios de comunicación en la campaña por el “No” en el plebiscito para la paz, Van Dijk menciona que “quienes controlan el discurso pueden controlar directamente las mentes de la gente (...) que implica el control directo de la acción” (2009, 31). Es por esto por lo que, a pesar de que Colombia haya estado sumida en la violencia durante más de cincuenta años, el poder del discurso de la elite dominante y el control de los medios de comunicación tradicionales junto con el uso eficaz de las redes sociales, siguen prevaleciendo dentro de la sociedad colombiana por encima de las víctimas y de la misma historia. “La ilusión de la libertad y la diversidad puede ser una de las mejores maneras de producir la hegemonía ideológica que siempre jugará a favor de los poderes dominantes de la sociedad” (Van Dijk, 2009, 33).
Bibliografía
Charry, C. (2014). 6.2 El proceso de paz y el papel de los medios de comunicación en Colombia. Una mirada a los hechos más relevantes durante el 2013. En Anuarie del conflicte social. Universitat de Barcelona (pp 612-654).
Chomsky, N. (2007). El control de los medios de comunicación.
Escuela de periodismo. (2016). Línea del tiempo de los diálogos de paz. El Tiempo. Recuperado de: http://www.eltiempo.com/datos/linea-del-tiempo-de-los-dialogos-de-paz-56584.
Giraldo, J. Aportes sobre el origen del conflicto armado en Colombia, su persistencia y sus impactos. En Comisión Histórica del Conflicto y sus Víctimas. Contribución al entendimiento del conflicto armado en Colombia. (pp. 407- 450). Colombia.
González, M. (2017). La <> en el plebiscito por la paz en Colombia. Nueva Sociedad. Vol. 269. (13 pp).
Noelle-Neuman, E. (1995). La espiral del silencio. Opinión pública: nuestra piel social. España. Editorial Paidós.
Registraduría Nacional del Estado Civil. (2016). Resultados Plebiscito 2 de octubre de 2016. Restrepo, A., Ramírez, S. (2016). Colombia: sorpresas y sobresaltos de la paz. Nueva Sociedad. Vol. 266. (11 pp).
Rodríguez, R. Ureña D. (2012). Diez razones para el uso de Twitter como herramienta en la comunicación política y electoral. Revista Comunicación y pluralismo. Universidad Pontificia de Salamanca. (pp 1-19).
Rodríguez, D. (2013). Los diálogos de paz gobierno colombiano y Farc-EP: “Unas perspectivas frente a la necesidad de reconocimiento del otro como un interlocutor válido”. Nova et Vetera. Vol. 22. (pp. 67-80).
Semana. (2016). Por qué ganó el No. Revista Semana. Recuperado de: https://www.semana.com/nacion/articulo/por-que-gano-el-no-en-el-plebiscito-por-la-paz-2016/496636.
Van Dijk. T. (2009). Discurso y poder. España. Editorial Gedisa.




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* Almeciga Malagon
Departamento de Ciencia Política - DCP/UNAL. Bogotá, Colombia

* Acero Salcedo
Departamento de Ciencia Política - DCP/UNAL. Bogotá, Colombia