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Resumen de ponencia
Habitar un territorio trasfronterizo: Propuesta educativa no formal dirigida a jóvenes rurales migrantes del cantón transfronterizo de Upala, Alajuela, Costa Rica

*Erick F. Salas Acuña



Este trabajo constituye un esfuerzo por proponer procesos educativos diferenciados más acordes a las condiciones de los territorios rurales. Se parte del hecho de que las políticas estatales en el contexto centroamericano tienden a imponer modelos homogeneizantes proyectados desde los centros que excluyen las diferencias culturales y territoriales de las poblaciones rurales que los componen. En este sentido, se torna importante realizar esfuerzos orientados a promover una educación más inclusiva que favorezca la valorización de los estilos de vida de estas poblaciones.
Las comunidades rurales son poseedoras de una gran riqueza cultural sustentada en las actividades agropecuarias, ganaderas, y en las tradiciones y costumbres asociadas a estas. Por lo general, comprenden además poblaciones indígenas que aún conservan sus creencias, idiomas y estilos de vida. Se trata, en esencia, de espacios diversos que sin embargo han sufrido la incomprensión y el abandono de las instituciones del gobierno, quedando excluidas a raíz de políticas económicas y educativas que no reconocen las diferencias de estos territorios. Esta situación, aunada a las transformaciones generadas a partir de la influencia de los procesos de globalización y a la implementación de las políticas neoliberales de los años ochenta, ha puesto a estas comunidades ante la difícil situación de tener que ajustarse a las nuevas demandas del mercado internacional sin que esto signifique necesariamente renunciar a su identidad.
De esta manera, en la actualidad las comunidades rurales no solo enfrentan una serie de dificultades relacionadas con la incomprensión y abandono por parte del Estado, quien cada vez pierde en mayor medida facultades para garantizar el bienestar de su población al ser un actor más dentro de las dinámicas económicas capitalistas, sino también el debilitamiento de los rasgos identitarios a raíz de la paulatina penetración de las vías de comunicación, los procesos migratorios, la influencia cada vez mayor de los medios de comunicación masiva y la presencia de empresas transnacionales que imponen nuevos medios de producción sobre las actividades económicas tradicionales, consecuencias de la globalización. No se trata ya de aquellos territorios aislados que se creían podían permanecer ajenos a las transformaciones en los centros del país, y cuya identidad se asumía como estática y homogénea. Ahora las poblaciones de estas comunidades ven cada vez más vulnerabilizados sus estilos de vida a causa de estos procesos, situación que se traduce en condiciones de desapego, pérdida de vínculos de solidaridad, inmigración, entre otras, que amenazan cada vez más la sostenibilidad y futuro de estas comunidades.
Esta situación demanda que se realicen esfuerzos orientados a revalorizar lo rural, pero ya no desde visiones tradicionales que lo asocian a una “escasa densidad poblacional, infraestructura limitada, eminentemente agrícola (producción primaria), de difícil acceso y deficiente comunicación con los centros urbanos, pocos servicios, generalmente asociada a la idea de “atraso”, con relaciones sociales tradicionales, solidarios, respetuosos y obedientes con sus mayores, apegados a las tradiciones locales, y con poca vida cultural” , sino desde aproximaciones que comprendan las nuevas condiciones que caracterizan a estos territorios. Asumir la ruralidad desde nuevos enfoques implica comprender que en la actualidad muchos de los territorios antes considerados rurales se encuentran en una zona intermedia entre los valores asociados a la vida del campo y aquellos propios de contextos más urbanos, lo que los pone ante el reto de tener que asumirse desde nuevos referentes identitarios. Procurar nuevos espacios de reflexión para la reconstrucción de nuevas identidades rurales es fundamental si lo que se quiere es promover un desarrollo más acorde a las condiciones y necesidades de estas comunidades. Sobre todo, porque la identidad está en constante construcción y demanda, por ende, cada vez más de nuevos procesos que orienten su comprensión.
No obstante, el problema con las comunidades rurales, por lo menos en el caso costarricense, no solo ha consistido en que han sido pocos los esfuerzos por plantear políticas acordes a las diferencias culturales, económicas, geográficas y étnicas de estos pueblos, sino que, cuando estas han existido, se basan en visiones estáticas acerca de lo rural que obvian las transformaciones acaecidas a lo largo de los últimos años, reproduciendo de esta forma discursos que no corresponden con la realidad.
Es decir, existe un desfase entre el discurso (la teoría) y la realidad (la práctica) que no solo afecta la comprensión de lo rural, sino que además limita la implementación de políticas públicas que realmente contribuyan al mejoramiento de la vida de estas poblaciones. El reto, por tanto, empieza por hacer que estos discursos sobre lo rural se actualicen para que logren adaptarse a las condiciones particulares que presentan estos territorios. Esta transformación, sin embargo, no solo implica que los gobiernos reformulen sus políticas para hacerlas más inclusivas, sino también que las comunidades rurales logren reconocerse como parte de un territorio y, en este sentido, logren valorizar su vida y costumbres en medio del nuevo contexto político económico.
La responsabilidad, por tanto, es compartida tanto por quienes crean las políticas desde los centros de poder como por quienes la reciben. Sin embargo, en el caso de los últimos, el tema alcanza incluso matices políticos en tanto lo que está en juego es la sobrevivencia de sus estilos de vida ante modelos que violentan e invisibilizan su esencia como pueblos. De ahí que, la educación se convierta en este sentido en un discurso desde el cual puedan asumirse nuevas formas de concebir lo rural, para así lograr la permanencia de la identidad de estos pueblos a través del respecto a la diversidad. El problema, sin embargo, radica en que las políticas educativas no suelen ajustarse en la mayoría de los casos a las características de lo rural relacionadas, por ejemplo, con la diversidad étnica y lingüística de muchos de estos pueblos, evitando así que quienes asisten a la educación primaria y secundaria puedan asumirse como herederos de una tradición que merece ser incluida dentro del imaginario nacional. La responsabilidad de la educación y de los jóvenes para reconstruir nuevas formas de asumirse y resistir la influencia de procesos asociados a la globalización neoliberal se convierte entonces en un asunto clave para la reconstrucción de procesos identitarios que contribuyan a la revalorización de lo rural desde supuestos multiculturales y pluriétnicos.
En este sentido, este trabajo procura convertirse en un esfuerzo por desarrollar un proceso educativo no formal con jóvenes de un territorio rural, el cantón de Upala, San Carlos, Alajuela, Costa Rica, con el fin de posicionar la discusión sobre su identidad desde un enfoque de nueva ruralidad que favorezca la comprensión de las transformaciones identitarias producidas a raíz de los cambios en los modos de vida producto de los nuevos sistemas de producción y los procesos de migración de los últimos años. Se espera como producto de esta reflexión contribuir al empoderamiento de actores, en este caso líderes jóvenes, quienes a partir del reconocimiento de las nuevas condiciones que caracterizan actualmente su ruralidad puedan profundizar en el cuestionamiento acerca del sentido de frontera desde lo territorial y simbólico. En este sentido, la pregunta que interesa responder en este trabajo es la siguiente: ¿Qué significa ser joven en las nuevas condiciones sociales, económicas y culturales que enfrenta el cantón de Upala?
Al cuestionarse acerca de lo que significa ser y estar en su territorio, se cree que la comunidad pueda establecer mayores vínculos que favorezcan procesos de integración social liderados por los jóvenes que integren además a las comunidades migrantes. Al fortalecer el involucramiento de los jóvenes y su participación activa en la toma de decisiones a nivel local, se espera construir mejores relaciones de convivencia en un espacio fronterizo, basadas en la valoración de las diferencias culturales que contiene su territorio. Se trata, en esencia, de que el tema de la identidad se construya desde lo rural a través de la valorización del potencial geográfico, cultural, étnico e histórico como parte fundamental de la riqueza de los pueblos.
La necesidad de construir procesos orientados a resolver las problemáticas que viven los jóvenes del cantón de Upala pasa necesariamente por la resignificación de lo que implica ser joven en este contexto. En este sentido, y a la luz de los cambios que experimenta este cantón, parece necesario que los y las personas jóvenes puedan contar con espacios que les permitan reconocerse como miembros de una comunidad con condiciones particulares. Solo así es posible que estos puedan comprender mejor el lugar en que viven y asumirse como agentes de cambio de la comunidad para luchar por construir mejores alternativas a futuro para la población joven del cantón.




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* Salas Acuña
Instituto Tecnológico de Costa RICA ITCR. Santa Clara, San Carlos, Alajuela, Costa Rica