En este trabajo transitaré por la necesidad de continuar apostando a las elucubraciones acerca de la idea que se asienta en que el uso contrahegemónico de la ciencia trasciende a la misma ciencia, profundizando en cómo ella y ese uso solo tiene sentido dentro de la ecología de los saberes (De Sousa Santos; 2017: 239).
El origen de mi propia inquietud se ubica en la participación que me permite observar -y no al revés- (Rivera Cusicanqui 2015: 21), los encuentros/desencuentros entre saberes, en dos ámbitos institucionales: el del sector público de atención en salud y el académico de formación en salud. Claramente en ambos casos la dimensión intercultural completa el escenario que obliga para su análisis entendernos en nuestro sur que conversa con las particularidades de todos los “sures”.
En este sentido, las elucubraciones a las que me refería en las primeras líneas nos conducen tanto a profundizar “el invento” de estrategias de diálogo entre conocimientos incompletos -condición que atraviesa también a la ciencia-, como a “la posición” de las trabajadoras y los trabajadores de la misma ciencia a la hora de su intento por construir conocimientos cuando se encuentran con las “otras” y los “otros” por fuera de su lógica, aun cuando esa ciencia fuera dialéctica y dialectizante.
Resulta ya muy recorrido que en términos de adhesión o de crítica a los formatos de la ciencia oficial (esta última entendida en el marco de imbricaciones epistemológicas positivistas y neopositivistas, empiristas lógicas y racionalistas críticas, al servicio del robustecimiento del capitalismo, el patriarcado y el colonialismo) se identifican tradiciones explicativas que oscilan desde perspectivas interioristas que desentienden las cuestiones epistemo-metodológicas de las condiciones de la realidad, hasta perspectivas dialectizantes y contrahegemónicas que la recuperan analíticamente en su lugar histórico como construcción que contempla una forma de ser -histórica- de sus herramientas metódicas. En estos términos, convengamos que no es cualquier formato de ciencia el pasible de encontrarse con otros saberes, es decir, pongamos en palabras una afirmación básica, la única ciencia capaz de hacerlo es la ciencia contrahegemónica. Hablar de ciencia contrahegemónica es hablar de aquella que resiste a las miserias a que la someten las miradas reduccionistas preocupadas por sus condiciones internas (analiticidad, factibilidad, objetividad, racionalidad, entre otras, a la manera de Mario Bunge), aquella que resiste a pensar eso que solemos llamar “método científico” desvinculado de problematizaciones históricas e historizantes, aquella que resiste a las dicotomías - atropelladoras de la belleza de “descubrir”- cristalizadas en contextos (descubrimiento-validación-aplicación, a la manera de Gregorio klimovsky), aquella que resiste a la enunciación de problemas científicos y extra científicos (a la manera de Karl Popper), aquella que se concibe desde su posición “praxística” sobre los órdenes perversos a delatar y agreguemos: aquella que se sostiene sobre la convicción de la “igualdad de oportunidades de distintos tipos de conocimiento” (De Sousa Santos 2017: 239 ) y sobre la convicción de la preponderancia de acuerdos “[…] con las ´víctimas`, o con los ´oprimidos`, o con los ´condenados de la tierra`” (González Casanova; 2009: 313) en el proceso de construcción de conocimientos.
Vayamos a estas dos últimas dimensiones “agregadas” y veremos que son condición para poder vivir a la ciencia crítica como ciencia contrahegemónica y también veremos que es en el camino de construcción de esas dos dimensiones donde mayor esfuerzo es necesario depositar para nutrir su lugar de contrahegemonía.
Entonces pareciera que no son las portadoras y los portadores de los “otros” ricos saberes quienes tienen el problema, el problema suele situarse en las “hacedoras” y “hacedores” de ciencia aún dialéctica, crítica, no oficial o como queramos llamarla, cuando no encuentran/encontramos cómo tejer los conocimientos incompletos para ilusionar la “completud”. Que nunca es el final, porque como dice José Mariátegui en El hombre y el mito, la razón [ortodoxa] no basta, habiendo en el hombre [y en la mujer] una necesidad de infinito inalcanzable desde ella.
Situada en la posibilidad de trabajar por una ciencia contrahegemónica (en el ámbito académico y/o de atención en salud) enmarcada en el encuentro de saberes como condición, y en relación a las intenciones que mencionaba al inicio del trabajo, en tanto “invento” de herramientas de encuentro y “posicionamiento” de la ciencia en su camino de construcción, resulta imprescindible recorrer -al estilo de Silvia Rivera Cusicanqui (1987: 53)- la historia de la investigación como oportunidad subversiva a partir de los años 60 y 70, con sus aciertos y con sus problemas epistémicos. Esto lo planteo como camino iluminador a contrapelo de reproducir los mismos errores totalizadores. Y, por otro lado, pero allí cerquita se vuelve indispensable revisar las formas de los encuentros intersubjetivos que disparan recorridos metodológicos, para alimentar la ruptura de cualquier sesgo de asimetría, deslealtad, traición y extracción de datos que desde ideaciones reivindicativas pueden arrasar las respetuosidades acordadas. Esos encuentros intersubjetivos -que pueden tomar forma de entrevistas- son una potente fuente de emergencia de cosmovisiones y luchas (Meneses: 2008: 381).
Cuando Pablo González Casanova (2006: 216) hace mención a “la síntesis creadora de las ciencias y la creencias”, está pensando en la potencia entre creación y precisión, que, si llegamos aún más lejos en el terreno de los genuinos encuentros entre lo que Gramsci llamaría intelectuales y simples (sin olvidar el italiano que todos tenemos la primera condición), creación y precisión se vuelven para ambos, circulantes, intercambiables, compartibles. La ciencia debe permitirse el placer de disfrutar los conceptos en su “historia dialogal” (González Casanova; 2006: 205) y esto sólo es posible si se anima a ubicarse como otra forma de creencia que no olvide lo aprendido, que lo recuerde para recrearlo mientras toca fragmentos de otras voces, historias y emociones. De la misma manera esas voces e historias encarnadas en mujeres y hombres que emergentes deben no olvidar/se para sacudir y exigir deliberadamente a los tramos de la ciencia.
En definitiva, ya no la ciencia oficial, sino, la ciencia que per se pueda ser crítica ¿está preparada para navegar junto con otros saberes para alojar la construcción de conocimientos como emancipación, derribando la dominación del orden que conduce a la construcción de conocimientos como regulación (De Sousa Santos; 2017: 183)? ¿está preparada en el cuerpo de sus mujeres y hombres para ese uso contrahegemónico, que dispare una nueva hegemonía, pero ahora emancipatoria? Sería contradictorio encontrar/buscar una respuesta definitiva.
Es en el proceso de trabajo desde donde pueden explorarse las señales. Y es así que en esta línea me permitiré, para robustecer las propuestas de recorridos enunciados, mostrar pequeños episodios esperanzadores/emergentes, vividos en los recovecos de los mencionados ámbitos de salud.
Bibliografía
De Sousa Santos, Boaventura (2017). Justicia entre saberes: Epistemologías del Sur contra el epistemicidio. Madrid. Ediciones Morata.
De Sousa Santos, Boaventura (2010). Descolonizar el Saber, Reinventar el Poder. Montevideo. Ediciones Trilce.
González Casanova, Pablo (2009). De la sociología del poder a la sociología de la explotación Pensar América Latina en el siglo XXI. Bogotá. Siglo del Hombre Editores.
González Casanova, Pablo, La comunicación en las ciencias sociales y los conceptos profundos. En González Casanova, Pablo; Roitman Rosenmann, Marcos (Coord.) (2006). La formación de conceptos en ciencias y humanidades. México. Siglo XXI Editores.
Marí, Enrique. (1974). Neopositivismo e Ideología. Buenos Aires. Eudeba.
Mariátegui, José Carlos. “El hombre y el mito”. En Mariátegui. J. C. (s/f) Obras Completas T III. Disponible en: https://www.marxists.org/espanol/mariateg/oc/index.htm. 05-08-18.
Meneses, María Paula (2008). Maciane F. Zimba e Carolina J. Tamele. Médicos tradicionais, dirigentes da Associaçao de Médicos Tradicionais. En: De Sousa Santos, Boaventura (Org.). As voces do mundo. Porto. Ediçoes Afrontamento.
Rella, Franco. (1983). El descrédito de la razón. En Gargani, A. Crisis de la razón, nuevos modelos en la relación entre saber y actividad humana. México, S. XXI Editores.
Rivera Cusicanqui, Silvia (2015). Sociología de la Imagen. Miradas Ch´ixi desde la historia andina. Buenos Aires. Tinta Limón Ediciones.
Rivera Cusicanqui, Silvia (1987). El potencial epistemológico y teórico de la historia oral. De la lógica instrumental a la descolonización de la historia. En: Revista Temas Sociales. Nº 11. La Paz. UMSA. Pp. 49-64.