Esta investigación analiza el proceso de sustancialización de la identidad argentino-coreana mediante el despliegue de la transformación de su espacio étnico ante la crisis argentina del 2001. Se enfoca en los procesos de construcción de las identidades de los hijos de migrantes de la comunidad coreana en Buenos Aires en relación a la transformación espacial de los enclaves étnicos, a partir de las repercusiones de dicha crisis, que trajo como consecuencia una masiva re-emigración de la población de la colectividad y, por siguiente, un empobrecimiento de Baek-ku, conocido comúnmente como “barrio coreano”. A su vez, esta crisis produjo cambios en la dinámica de las actividades económicas en la industria textil, la que generó una reconfiguración de la estructura interior de la cadena productiva del enclave étnico y un desplazamiento espacial de la comunidad, llevando a cabo la construcción del nuevo enclave étnico Ave.
Todo ello repercutió en la forma de vida de los jóvenes argentino-coreanos, sus relaciones sociales y su identificación. Estos jóvenes de la comunidad, que en muchos casos contaban con formación profesional en diversas áreas, se volcaron a trabajar en los negocios familiares o de la colectividad como repliegue frente a las dificultades de la crisis pero también debido a los factores beneficiosos en términos económicos propios de la actividad. La construcción de Ave, acelerada por el proceso de la recuperación en la post-crisis del 2001, los lleva a tener una experiencia, memoria y vida compartidas, por lo tanto, este repliegue vuelve a delinear las prácticas cotidianas de este grupo, las relaciones dentro y fuera de la comunidad y el interés comercial en común. En consecuencia, las identidades de estos jóvenes se evidencian en la alta dependencia de las relaciones dentro del grupo debido a las experiencias particulares compartidas, el sentido común y el sentido de pertenencia.
Es importante comprender que este proceso de re-cohesión de los jóvenes fue intensificado tanto por el contexto circunstancial nacional como por la crisis, en los que el enclave étnico (industria textil) operó como fuerza centrífuga para la concentración espacial y la consolidación de dicho grupo en la industria textil. Sin embargo, el nuevo enclave étnico se diferencia de Baek-ku, construido por los migrantes de las generaciones anteriores a partir de la necesidad tanto de inserción económica en la etapa inicial de instalación en el nuevo destino como de la conservación de la cultura y tradición étnica de origen. En otras palabras, las nuevas características identitarias de los jóvenes conllevan un desarrollo distinto y particular de la espacialidad del enclave, de modo que el nuevo enclave étnico se articula con diferentes paisajes, funciones y atributos respecto al anterior.
La mayoría de estos jóvenes tuvieron la escolarización en Argentina y vivieron expuestos a experiencias biculturales entre Corea y Argentina, manteniendo fuertes lazos de sociabilidad étnica, puesta en práctica en los espacios de la comunidad. Por esta razón, han sido, desde siempre, intermediarios entre los padres migrantes coreanos y la sociedad argentina pero también, han experimentado una dualidad socio-cultural con expectativas diferentes y tensiones intergeneracionales dentro de la familia y la colectividad. Por otro lado, los modos de la sociedad mayoritaria de concebir a estos sujetos “hijos” como “coreanos” afectaron sus posibilidades de identificación y participación en la sociedad.
En el análisis sobre la transformación y la rearticulación entre espacio e identidad, la interpretación de la crisis económica del 2001 resulta útil como un factor disparador porque nos permite observar el proceso de hibridación identitaria de la colectividad argentino-coreana como un producto constituido por anclajes nacionales (de Argentina), la conciencia de herencia étnico-nacional (de Corea) y las interrelaciones dentro del mismo grupo, aunque en la actualidad esta transformación está fuertemente influenciada por los consumos culturales que permiten las nuevas tecnologías comunicacionales y el fenómeno de las redes trasnacionales de la comunidad coreana del mundo.
En este sentido, la investigación se inscribe en un campo de hibridación disciplinaria entre la geografía cultural, la etnografìa y la sociología histórica para analizar los problemas, interpretar sus procesos socio-históricos y buscar sus implicancias. En este análisis, el estudio de la espacialidad desempeña un papel clave, al permitir plasmar el fenómeno del objeto de investigación desde una doble perspectiva: la historiográfica, anclando el problema histórico a la lógica de los acontecimientos y procesos ocurridos en un lugar y en un tiempo dados, y la sociológica, tomando el problema a partir de un aparato conceptual.