Este trabajo se propone tomar las enseñanzas de las filosofías críticas, incluyendo los aportes de las éticas y epistemologías feministas, anticoloniales, queer y trans*, para aplicarlas a la tarea académica y al trabajo de quienes nos desempeñamos en ella. En la convergencia de ética y epistemología, se indagará en el ámbito académico, sus prácticas y sus posibilidades, potenciando la sinergia entre un análisis descriptivo y uno constructivo y propositivo. En última instancia, se espera aportar preguntas fundamentales acerca del lugar del trabajo intelectual dentro de nuestra sociedad, así como también algunas de sus respuestas.
Una de las principales contribuciones de las epistemologías críticas, instaladas con cada vez más fuerza desde la segunda mitad del siglo XX, es el concepto de “reflexividad crítica”. Se trata de un ejercicio de aplicar el instrumental crítico desarrollado por estas corrientes a las propias prácticas de producción de conocimiento, observando factores como a quién estamos hablando, cuáles son los intereses que nos mueven a hacerlo, cuáles son nuestros supuestos de base, y cuáles de nuestras múltiples creencias se están filtrando en el producto que estamos mostrando al mundo. Es frecuente encontrar este tipo de críticas desde una perspectiva externa, esto es, en ejercicios en los que una persona, generalmente integrante de un colectivo marginado, cuestiona los modos de producción de conocimiento de alguien externo al colectivo, quizás consideradx representante de un colectivo dominante.
Para los objetivos de este trabajo resulta particularmente significativo el doble sentido de “reflexividad” como reflexión, y como una acción que vuelve sobre sus mismxs agentes y lxs afecta de distintas maneras.
El análisis de este trabajo parte, además, de un fuerte compromiso con una perspectiva inteseccional, esto es, una que se esfuerce por considerar los distintos modos en que se retroalimentan y tensionan las identificaciones que atraviesan a todos los sujetos. Incorporar un enfoque interseccional de estas características resulta beneficioso no sólo desde un punto de vista político (en tanto atiende a las necesidades específicas de los distintos colectivos involucrados), sino que también refuerza la propia propuesta ética y epistemológica: nos asegura un conocimiento más responsable, sofisticado y realista de los fenómenos con los que lidiamos.
Esto se expresa, por ejemplo, en las tensiones entre privilegio y marginalidad evidentes bajo una lectura geopolítica global. Concretamente: mientras que en tanto trabajadorxs académicxs del Sur Global ocupamos un lugar inferiorizado a escala global, en nuestros contextos locales y regionales somos agentes legitimadxs de producción de conocimiento. Nos encontramos así en la curiosa posición de ser a la vez privilegiadxs y marginadxs, y urge pensar qué implicancias tiene esto para la construcción de un trabajo académico con los pies en la realidad, capaz de aportar desde su lugar a la justicia social. ¿Cómo se ponen en juego las relaciones de poder propias del trabajo académico en esta particular dualidad que habitamos? ¿Cuáles son las consecuencias de vivir en un contexto en el que la educación, aunque debería ser un derecho, constituye a fin de cuentas un privilegio? ¿Qué prácticas son recomendables para sostener un trabajo de calidad en un contexto de creciente precarización laboral y de desinversión en el ámbito educativo?
Por otro lado, cada vez se hace más evidente la necesidad de incorporar otros ejes al análisis, a medida que movimientos críticos vuelcan su mirada sobre la academia y nos enfrentan a supuestos hasta ahora ampliamente ignorados de nuestro propio trabajo y conceptualizaciones. El capacitismo, el cisexismo, el especismo, si bien son tendencias que siempre estuvieron presentes en el área académica, recién en los últimos años han comenzado a ser abiertamente reconocidas en nuestra región. ¿Qué nos enseña un ejercicio de reflexividad crítica en el que intervengan estas miradas? ¿Cómo podemos hacerlas parte de nuestro ejercicio profesional, así como hemos aprendido a hacerlo -y siempre seguimos aprendiendo- en relación con el sexismo o el colonialismo?
Estas y otras preguntas darán forma a la exposición, en la que se indagará en elementos de la tarea profesional académica tales como la enseñanza en clase, la elaboración de programas, la selección de bibliografía, la investigación financiada o no por el Estado, entre otras. Se espera que la filosofía aporte una mirada compleja y complejizadora, capaz de observar a la vez el ámbito ético y epistémico, y de proveer respuestas para seguir andando (o desandando) estos caminos.