Desde siempre, la ciudad en el ámbito capitalista se ha caracterizado por sus contrastes. A lo largo de los años, en el marco de los distintos procesos, los territorios han experimentado importantes modificaciones, como consecuencia de cambios en la estructura económica, el régimen de propiedad y el posicionamiento del mercado como fuerza propulsora de la acción urbanística que se parte al menos en dos modalidades: la urbanística de acción y la de regulación, o lo que podríamos llamar real y normativa.
Históricamente, la ciudad ha mostrado distintas formas y estructuras, y esto guarda una relación estrecha, en parte con los patrones prevalecientes en la producción de la riqueza y su distribución, lo que conlleva un segundo aspecto, el concurso de distintos actores sociales y políticos, en un marco liberal, que desde los recursos con que cuentan, la visión de ciudad en que se inscriben, modelan y modulan el espacio urbano, convirtiendo a ésta en un amplio cuerpo acrisolado, conformado de una multiplicidad de partes de distintas formas y tamaños, unidas por las arterias de las avenidas principales y secundarias, en síntesis, un cuerpo conformado de peguetes.
Como parte del esfuerzo de aproximación, teniendo como punto de partida el recurso de la observación directa, apoyados en la consulta de material bibliográfico y documental, así como de cartografía y las estadísticas oficiales, en una primera fase, a nivel exploratorio, hemos estado reuniendo elementos útiles para una caracterización en lo que se refiere a las la utilización del suelo, a la luz de la dinámica constante en materia de población, experimentada por parte de los denominados Centros y Subcentros Urbanos situados en las ciudades de Tepic y Xalisco, lo que identificamos como el área conurbada Tepic-Xalisco, lo que, de acuerdo a los criterios del Consejo Nacional de Población (CONAPO), se considera como la “Zona Metropolitana de Tepic” (ZMT).
Entendemos que éste no es exclusivo de las ciudades nayaritas de la ZMT en particular, es parte de una importante tendencia que se viene desarrollando en las ciudades latinoamericanas de finales del siglo pasado y lo que va del actual. Esto es que, en nuestro caso nos encontramos con un fenómeno relativamente nuevo (se viene dando de manera más intensa a partir de los años noventa) ha sido suficiente para alterar el funcionamiento de la ciudad con cambios no convenientes en el uso del suelo sobre gran parte del centro y algunos subcentros de la ciudad, con el consecuente desplazamiento de población hacia otras áreas de la ciudad, lo que motiva, además, nuevas periferias urbanas, el rompimiento, en buena medida, de la vida o dinámica social barrial históricamente construida, aquello que Rossi (1986) denomina como Locus y que corresponde, entre otras cosas, a la memoria de la ciudad, misma que se pone de manifiesto, no solo en la arquitectura histórica, sino también en la memoria colectiva de sus ciudadanos, es decir, en la historia continuada de aquella ciudad que sus habitantes perciben y viven. En este último aspecto, la continua readaptación de sus espacios, en donde por un lado, se modifica el uso del suelo y de la imagen urbana y, por otro lado, se repliega la comunidad residencial; revela, tal y como lo menciona Hernández (1997), un comportamiento dual de repliegue y resistencia, de recomposición y de afirmación, es decir, de ambivalencia entre lo moderno y lo tradicional.
Las tendencias de crecimiento de la ciudad han dado lugar a la intervención gubernamental en los distintos niveles (federal, estatal y municipal) en distintos momentos, a través de una amplia variedad de instrumentos de política (Planes de Desarrollo Urbano, Reglamentos diversos, etc.), tal como se enuncia en el Plan Municipal de Desarrollo 2012-2014, cuyos resultados, hasta ahora, no han sido evaluados a fondo.
En ese contexto, a lo largo de este periodo, a partir de la década de los ochenta, arranca una etapa de crecimiento acelerado que va de lo muy intenso hacia lo moderado, en los noventa, para llegar a la primera década del siglo actual y entrar nuevamente en una dinámica de gran intensidad, apuntando casi en una sola dirección. De acuerdo con ello podemos identificar tres grandes momentos en el proceso de urbanización del Tepic de los ochenta a la actualidad:
a).- La urbanización popular, de 1981 a 1994. Este es un momento en que las tendencias de crecimiento se acentúan de modo ostensible. La ciudad entra en un proceso de masificación, la creación de nuevos asentamientos amplia las demandas, más allá del suelo para vivienda, de mayor infraestructura y servicios y se acentúan las desigualdades en ese aspecto.
b).- La contención y “control” del crecimiento urbano por la intervención estatal, 1994-1999. A partir de este momento sobreviene la acción gubernamental que busca la situación, con la adopción de medidas drásticas, como la reformulación del marco jurídico que penaliza cierto tipo de acciones.
c).- La intensificación del crecimiento, la urbanización en el marco de la participación estatal, de 2000 al momento actual. Creación de la reserva urbana “La Cantera”, que marca la tendencia más reciente en el proceso de crecimiento del Tepic actual y en definitiva, una etapa de masificación del crecimiento.
En ese contexto, en una dinámica marcada por la presencia avasalladora del capital inmobiliario, la ausencia cada vez mayor del aparato institucional, se van decantando por lo menos tres tipos de cuestiones:
a).- La presencia de distintos modelos de ciudad que se van definiendo en la práctica, a partir del decantamiento de modelos de ciudad distintos, con referencia a una diversidad de actores tradicionales y emergentes (capital inmobiliario, gobierno, sindicatos, partidos y organizaciones sociales).
b).- La definición de una ciudad que encierra distintos matices, débilmente estructurada, que experimenta grandes dificultades de comunicación y una gran caos derivados de la desarticulación, dada la ausencia de planificación de sus procesos de crecimiento urbano.
c).- Procesos urbanos y formas de acción variadas que corren en distinta dirección y se desarrollan en un escenario de marcados contrastes y desigualdades; esto es que, entre el capital inmobiliario, el aparato institucional y la sociedad civil se definen distintos esquemas de acción que de igual manera definen una variedad de aspectos sobre la ciudad
La ponencia que nos proponemos presentar es parte de una investigación que venimos desarrollando desde 2015, la cual ha transcurrido por dos etapas. La primera se ha enfocado sobre el acercamiento a la ciudad como un todo, en el marco del proceso de modernización de mediados del siglo XX y lo que viene en forma posterior, a través de una importante tendencia expansiva, que poco a poco va copando nuevas áreas para incorporarlas a la mancha urbana, más allá del centro histórico o la zona central de la ciudad. Con esto entramos la segunda etapa, marcada por la tendencia a la descentralización de la vida urbana, entre los años cincuenta y sesenta, producto en parte del crecimiento poblacional, con ello ocurre la reorganización de las relaciones de centralidad así como el surgimiento de nuevos elementos de centralidad, lo que daría la aparición de los denominados subcentros urbanos, la ciudad se diversifica. En ello identificamos un amplio espectro de actores sociales y políticos en una disputa por el territorio, que marcan distintas pautas y le van dando a la ciudad un perfil multiforme y multicolor, enmarcado en una variedad de formas de acción como una forma de vivir, apropiarse y darle su sello particular, en un marco de una cada vez más profunda desigualdad.