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Resumen de ponencia
Representaciones literarias de la religiosidad afrocubana: análisis del Ciclo Centro Habana de Pedro Juan Gutiérrez (1990-2003)

*Isabel Cristina Naranjo Noreña



De manera temprana en Cuba, los mitos, sus interpretaciones y las prescripciones sacrificiales para la realización de las liturgias de la Regla de Ocha fueron registrados con meticulosidad por los babalaos en cuadernos conocidos como odus. Estos fueron la fuente primaria para las investigaciones que posteriormente realizarán pioneros del pensamiento social cubano como Fernando Ortiz, Lydia Cabrera y Rómulo Lachatañeré entre otros. Por su parte, la literatura cubana en las figuras de Nicolás Guillén y Alejo Carpentier exaltaron la belleza y la fuerza liberadora de las religiones de matriz africana en la isla. No son escasos los vínculos que el arte, la literatura y las ciencias sociales establecen con los orishas y su culto. Heredero de esta tradición, Pedro Juan Gutiérrez expone la potencia del culto afrocubano en un escenario de crisis profunda y de descrédito del régimen político. Ante el desplome de las referencias éticas nacidas del proceso revolucionario y su posterior consolidación oficial, la Santería mantiene la observancia de diversas regulaciones morales que transfieren su eficacia a otros ámbitos de la vida comunitaria.
Teniendo en cuenta lo anterior, la presente propuesta de trabajo sugiere rastrear las formas en las que el culto a los orishas tienen lugar en la obra del escritor cubano Pedro Juan Gutiérrez, específicamente en las novelas y cuentos que componen su Ciclo Centro Habana escrito entre 1998 y 2003. Los textos de Pedro Juan Gutiérrez serán abordados, desde una clave de lectura que rescate su valor descriptivo y representativo de las heterogéneas realidades que conforman los sectores marginales de La Habana durante el “Periodo Especial en Tiempos de Paz” prestando singular atención a la huella dejada por los orishas en los solares habaneros.
Subsidiario de la tradición etnocentrista que durante siglos ha ubicado a los habitantes de África y América en las antípodas de la civilización, el mundo editorial europeo junto a sus lectores-consumidores contemporáneos demandan crudas realidades protagonizadas por sujetos marginados en los países del llamado tercer mundo. Las representaciones literarias que durante las décadas de 1960 y 1970 encuadraban las realidades de América Latina en una dimensión mágica, fueron substituidas a finales del siglo XX por interpretaciones y figuraciones más próximas al terreno de lo sucio, miserable y abyecto. En Cuba, la producción narrativa de la década de 1990 provee de nuevos significados a los elementos denostativos y estigmatizantes de los discursos emanados desde las esferas de poder, para integrarlos a un discurso disidente que propone nuevas representaciones del cuerpo, de la vida en comunidad y de los ámbitos público y privado. Estas nuevas miradas, sin embargo, se enmarcan en una tendencia de “fetichización de la diferencia cultural” que adecúa estas construcciones narrativas al consumo de masas.
En este contexto, la obra de Pedro Juan Gutiérrez y en especial, los cuentos y novelas escritos durante 1998 y 2003 comprendidos dentro del "Ciclo Centro Habana" ofrece un escenario desolador donde sus protagonistas padecen los rigores de la debacle política y moral que significó la desarticulación del socialismo y la caída de la Unión Soviética con la subsecuente suspensión de los auxilios económicos que recibía la isla. Con un lenguaje duro que evoca hasta la saciedad las excreciones corporales, el autor diseña un universo de miseria, hambre y violencia dentro del cual sus personajes hacen frente a las faenas diarias sin esperanza en una mejora futura. En un doble juego que articula la minuciosa descripción de las características de Centro Habana y de las vidas de sus habitantes con el interés de turistas y lectores extranjeros atraídos por la marginalidad cubana de la década del 1990, el autor construye un relato urdido por representaciones subjetivas en torno a aspectos de la cultura popular habanera.
Las críticas condiciones materiales que caracterizaron al período especial en Cuba actualizaron formas de exclusión social que el optimismo del proyecto revolucionario creía haber extirpado; los márgenes urbanos retratados en la prosa de Gutiérrez están definidos por el estatus racial y económico de los residentes del solar habanero, la mayoría de estos afrocubanos víctimas de la discriminación y el racismo históricos. Considerado reducto de la espiritualidad afrocubana, el solar recupera su centralidad en la década de 1990 al albergar expresiones artísticas y religiosas incorporadas al conjunto de símbolos que han dado forma a la identidad cubana dentro y fuera de la isla. Los orishas y su culto, pueblan el imaginario del cubano común adaptándose a nuevas formas sociales y culturales. En el presente trabajo abordaremos las prácticas cotidianas vinculadas al ejercicio de la religión a través de las múltiples referencias expuestas por Gutiérrez en el Ciclo Centro Habana colocando especial acento en la tradición académica y literaria que insiste en asociar las manifestaciones de lo negro a la sensualidad, la irracionalidad y el erotismo.




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* Naranjo Noreña
Centro de Estudios Avanzados . Universidad Nacional de Córdoba - CEA/UNC. Córdoba, Argentina