Resumen de ponencia
Vida cotidiana y movimientos sociales: elementos para el análisis desde América Latina
*Benjamín Campos Chavarría
Vida cotidiana y movimientos sociales: elementos para el análisis desde América Latina
La ponencia propone una discusión teórica y crítica sobre la relación entre vida cotidiana y poder político, y para ello pone en cuestión dos de las teóricas sociológicas más utilizadas en el estudio de la vida cotidiana, la postura del sociofenomenólogo vienés Alfred Schütz sobre el lebenswelt (mundo de la vida), donde la vida cotidiana es un espacio de producción de sentido, y la postura de la filósofa marxista húngara Agnes Heller donde la vida cotidiana aparece como la esfera primera de producción y reproducción del mundo, pero supeditada a otras esferas, como el trabajo y la ciencia.
Ambos autores conceptualizan la vida cotidiana como un espacio clave para la vida social, pero su relación con el poder es muy disímil. Esta relación se presta a discusión y adoptar una u otra postura teórica delimita en el tipo de investigación que se puede realizar. Al clarificar la relación entre cotidianidad y poder de agencia, clarificamos también su relación con la revolución como un momento del poder de agencia de las y los individuos, y también permite entender la particularidad que han asumido los movimientos sociales y acciones colectivas en América Latina que sostienen demandas muy puntuales dirigidas a la satisfacción de necesidades básicas de la vida diaria, pero no postulan la toma del Estado o una ruptura radical y abierta con el status quo.
Siendo así, por un lado, Alfred Schütz no se plantea el tema del poder en su teoría de la vida cotidiana, pero deja abierto el espacio para conceptualizar la cotidianidad como un espacio atravesado por el poder (tal como hacen sus discípulos Berger y Luckmann), o, yendo más lejos, como un espacio de lucha y emancipación, donde se puedan articular proyectos emancipatorios que parten de la propia cotidianidad (James Scott, Bourdieu, Holloway, De Certeau, pero también los movimientos ligados al Buen Vivir) y que no necesariamente rompen con ella o generan una trascendencia a las esferas “macrosociales” como lo sería la infraestructura de la sociedad. Esas posturas pueden empatarse con la obra de Schütz, pero este parece dejar de lado adrede el tema del poder.
La postura de Agnes Heller, como teórica marxista, en cambio considera la revolución como clave, pero es específica de esas esferas macrosociales, con un sujeto especializado y que ejerce el poder político auténtico desde el partido, siendo la vida cotidiana un espacio de recepción de lo gestado en otras esferas, pero no de gestación de esos momentos (aunque sea el espacio donde se siente primero y en mayor medida el malestar social).
La ponencia realiza una crítica de estas posturas desde una lógica decolonial, para avanzar con un análisis que ejemplifica los alcances y limitaciones de estas teorías para la comprensión de la realidad latinoamericana en relación a algunos movimientos sociales latinoamericanos, como las luchas por la gestión de los recursos naturales en comunidades de México y Bolivia, así como del movimiento zapatista y la teología de la liberación en Centroamérica.
Lo anterior pues la ponencia presenta la tesis de que no es posible comprender los movimientos sociales y acciones colectivas de la región desde un marco categorial que oculta o desvirtúa aquellas acciones colectivas que ejercen un tipo de poder distinto al tradicional y que se enmarca en espacios fuera de los espacios tradicionales para el ejercicio del poder.
Los movimientos sociales comentados, como el movimiento zapatista, la teología de la liberación y los movimientos entorno a la defensa y administración comunitaria de bienes y recursos naturales, desde organizaciones cooperativas y cogestadas, se alejan de los espacios estatales del poder y de la lógica mercantil occidental, estos pretenden no la toma del poder como sociedad política, sino la dignificación de la vida como sociedad civil, se trata de la politización de la vida diaria, rompiendo con la división moderna de sociedad civil y sociedad política, que condena a lo cotidiano a la inacción pues despoja a las y los sujetos cotidianos de capacidades de agencia política.