En el año 2010 el Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez, realizado en Santiago de Cali desde 1997, difundió un lema que anticipaba el crecimiento de este festival durante los siguientes años y mostraba una inclusión de la música del litoral en la ciudad. El lema era “Todos somos Pacífico”, indicando una especie de apropiación y reconocimiento de las expresiones culturales afrocolombianas del Pacífico. Para otro momento histórico en Cali, estas expresiones culturales no solo parecerían lejanas sino también indeseables, pero ahora se presentaban cada vez más cercanas a ‘todos’, dejando de limitarse a la población afrocolombiana.
Esta ponencia describe el particular proceso de construcción de El Festival de Música del Pacífico Petronio Álvarez como parte de las industrias culturales de Cali, que se hizo posible bajo un discurso inclusivo y fue impulsado con mayor fuerza desde 2011, cuando ‘El Petronio’, como es llamado coloquialmente, fue incluido en el Patrimonio Cultural Inmaterial de la nación. Presenta una reflexión que hace parte de un proceso de investigación más amplio sobre la historia de El Petronio y las músicas que este acoge, así como del contexto de la capital vallecaucana que permitió el inicio y desarrollo del Festival.
Las primeras versiones de El Petronio convocaron a un concurso musical que delimitó tres categorías: Conjunto de marimba, Conjunto de Chirimía y Agrupación libre, con el propósito de difundir y visibilizar las prácticas musicales de poblaciones negras del litoral Pacífico colombiano, las cuales habían sido marginadas y estigmatizadas durante muchos años en Colombia. Aunque estas músicas lograron ser parte de las sonoridades de la ciudad, seguían ocupando un lugar marginal. Ni los más férreos defensores de El Petronio imaginaron que este evento lograría las dimensiones que hoy tiene; la constante búsqueda de presupuesto o apoyo de instituciones locales y nacionales, el limitado público asistente, la poca importancia que tenía para el ciudadano caleño y la escasa difusión en los medios de comunicación, mostraban un Festival que se realizaba con grandes esfuerzos por superar múltiples obstáculos.
Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el Festival se fue posicionando en la ciudad y logró popularizar la música del Pacífico, que contaba con un público cada vez más amplio. No solo la producción de un gusto por esta música contribuía al crecimiento del Festival, también a nivel nacional y local se generaban nuevas iniciativas y legislaciones: en 2008 se aprobó la Ley 1185 “Por la cual se modifica y adiciona la Ley 397 de 1997 Ley General de Cultura y se dictan otras disposiciones” y en 2009 se expidió el Decreto 2941 sobre Patrimonio Cultural Inmaterial (PCI). Para la misma época, Cali incluía el Festival en su calendario festivo, a través del Decreto 267 de 2009.
En el año 2011 El Petronio fue incluido como PCI de la Nación, lo que se sumaba a la declaración de “Las músicas de marimba y cantos tradicionales del Pacífico Sur de Colombia” como PCI de la Humanidad en 2010. Estos acontecimientos trajeron consigo un reconocimiento local y nacional de El Petronio como uno de los eventos festivos más importantes dentro de las políticas culturales nacionales y locales.
Una serie de transformaciones se iniciaron a partir de ese momento, impulsando la consolidación de El Petronio como centro de interés turístico, no solo alrededor de la música, sino también de bebidas, comidas, artesanías, entre otros productos, que fueron reconocidos como elementos importantes para la salvaguarda y protección, pero también para su difusión y comercialización. Todo esto llevó a la conformación de la ‘Ciudadela Petronio’ desde 2012, que hoy recibe a miles de asistentes durante los días del Festival, con la idea de que allí se encuentra reflejada una parte de la ‘cultura del Pacífico’ cuyo valor comercial y cultural es incuestionable, aun cuando en Cali y en Colombia las poblaciones negras del Pacífico continúan siendo discriminadas.
Esto ha contribuido en gran medida a la consolidación de Cali como epicentro cultural. En el año 2017 esta ciudad fue catalogada como “Distrito Especial, Deportivo, Cultural, Turístico, Empresarial y de Servicios”, reconociendo su potencial y su gestión en la ‘economía cultural’, pues en los últimos años ha tenido una alta participación en políticas e industrias culturales que se ve reflejada en una programación cultural mensual, la diversificación de instancias para la cultura dentro la alcaldía, los espacios culturales en la ciudad y la multiplicidad de eventos festivos. La capital del Valle del Cauca ha sido entonces un centro urbano que le ha dado relevancia a lo que Yúdice llama “cultura como recurso”, y El Petronio uno de sus principales instrumentos.