Este trabajo se propone indagar modalidades subjetivas en la iniciación del consumo de sustancias en jóvenes entre 18 y 30 años en situación de internación por consumos problemáticos de sustancias psicoactivas en la comunidad terapéutica “La Granja”, ciudad de La Plata. A partir del recurso metodológico de historias de vida, se exploran diferentes rituales iniciáticos de los jóvenes, enfocando el análisis en las prácticas que se extraen de la narrativización de la subjetividad.
Desde el punto de vista teórico, a diferencia de abordajes basados en el enfoque epidemiológico de riesgo y de enfoques psicoanalíticos, el presente trabajo pretende desplegarse a partir del análisis de los procesos subjetivos que se desarrollan en la iniciación del consumo de sustancias psicoactivas, abordados desde un campo de problemas de la subjetividad y los diversos modos de transitar las juventudes. La condición juvenil es abordada aquí como un nudo privilegiado para examinar de qué modo se manifiesta y entrecruzan los consumos problemáticos y los avatares del “ser joven”, tanto en sus trayectorias previas, en su modo de estructurar el presente y de configurar sus proyectos de vida (Chavez, 2005). Siguiendo a Ana María Fernandez (2013), “abrir la reflexión sobre las condiciones socio-históricas que estarían operando en las insistencias clínicas implica, a su vez, aceptar el desafío de indagar nuevos modos de subjetivación advirtiendo los riesgos, siempre presentes, de reduccionismos psicologistas o sociologistas”.
En este marco, algunos de los resultados hallados en la población estudiada, permitieron establecer algunos ejes recurrentes en la estructuración y producción subjetiva. Adquirió especial relevancia la ineficacia simbólica de las instituciones tradicionales como familia y escuela para acompañar el proceso identificatorio y la dinámica de los grupos de pares. En este contexto se problematizan los imperativos de consumo que atraviesan a las juventudes como modo fallido de ritualización del pasaje hacia el mundo adulto. En este sentido, construimos cierta “tipología subjetiva” que opera en secuencia y establece algunos de los modos de subjetivación juvenil en la iniciación del consumo de sustancias.
En un principio, los consumos se dan en el plano de lo recreativo y acontecen fundamentalmente en el espacio público, en la esquina y en la calle. Los mismos, aparecen fuertemente ligados a la pertenencia a un grupo y a la demostración de signos de masculinidad, algunos de ellos asociados al valor y coraje. Aparecen exigencias que pueden resultar opacas a la mirada externa, pero que son impuestas a quienes aspiran a pertenecer y ser miembros legítimos de un grupo determinado. Las mismas, dictan cómo hay que ser y parecer para lograr aceptación, para ser miembro “competente”, qué formas de reclutamiento y socialización se ejercen en esos agrupamientos que nacen en los intersticios de la casa y la calle y crean cierta cultura juvenil. En la misma no existen homogeneidades, aunque aparece connotado como algo positivo la idea de transitar experiencias en las que se sienten desbordados por la euforia. El “estar re loco”, “andar de caravana” se enuncia a partir de la oposición con el “estar careta”. “Estar re loco”, “limado”, “estar arriba” se insinúa como un modo de subjetivación que ensalza el exceso, en oposición a cierto amoldamiento pasivo a normas sociales que implica el “estar limpio”. La búsqueda está en la continuidad del efecto psicoactivo logrado. Estar re loco no implica ausencia de racionalidad. Es una racionalidad hedonista que funciona como mandato, que legitima un complejo conjunto de prácticas que se inician en el plano recreativo. En algunos casos, las sustancias aparecen como suplemento que potencia y prolonga el disfrute del tiempo compartido. Pero el hedonismo dista de ser el único imperativo que subyace en los primeros consumos. En los casos de algunos jóvenes, se condensan la lógica de la pandilla y prácticas delictivas, generalmente robos, que acompañadas por alcohol y pastillas producen, según los relatos, un efecto muy particular. Aparecen aquí, producciones subjetivas que realzan el placer del enfrentamiento y de estar en situaciones adrenalínicas. No se trata de un placer corporal, ni de la satisfacción alucinatoria de drogas como la pasta base de cocaína. El consumo de pastillas y alcohol aparece asociado en los relatos a despliegues de orden delictivo, donde la inmersión en situaciones de riesgo correlativas al sentimiento de omnipotencia, es tolerada a condición de estar bajo su efecto. El imperativo se vehiculiza en la realización de una hazaña que no da tiempo para volver atrás. Una hazaña sin tribuna, pues el peso de la amnesia deja poco lugar para las anécdotas. Poco lugar para los interlocutores. El ciclo del imperativo podría resumirse en una serie de fases. En primer lugar, se nota cierta euforia inicial a partir del cóctel mencionado, un crescendo jovial que, de modo insidioso y continuo se va volviendo oscuro. La oscuridad reside en una especie de irascibilidad y deseo de hacer “daño”. Se presenta una fuerza que escapa al gobierno del sí mismo, una fuerza que se revela como acéfala e irreversible al mismo tiempo. Pero el momento en que las pastillas empiezan a fallar aparece cierta vergüenza, cansancio. Ahora sí, la contracara del pharmakon que encierra la paradoja oculta desde su gestación. Aquí, se atenúa o abandona el consumo en cuestión, a la búsqueda de un nuevo estimulante o anestésico, que lleve hacia otros lares donde la realidad no duela tanto.
Los ritos de iniciación, estudiados fundamentalmente desde la antropología, solían homogeneizar en función de cierta edad y dejaban una marca que referenciaba al joven, le daba una pertenencia y lugar en un determinado grupo social. Mediante ceremonias de distinta duración, a veces involucrando alguna marca en el cuerpo, quedaba signada esa ruptura, determinando un nuevo tipo de inserción social para el sujeto que la transitaba. Ritualizaciones en que aparecían formas simbólicas de dar tratamiento al acceso a las relaciones sexuales, la separación de la familia y el acceso al intercambio cultural y social del mundo adulto. En las historias juveniles analizadas observamos una transformación de los rituales y la presencia de otros que, en muchos casos, han perdido su eficacia simbólica. Un ritual de pasaje sólo se da cuando genera un efecto de creencia sostenido desde un lugar de autoridad. Como señala Toimil (2015), esto supone un estatuto objetivo, de modo que es el Otro social quien, a partir del pasaje, debe reconocer en el sujeto “algo nuevo”. Sin esta inscripción simbólica toda práctica ritual se tornará ineficaz en cuanto a su potencia para instituir algo diferente (Duschatzky, S., Corea, op. cit). Justamente, es en nuestra sociedad actual donde no encontramos ritos de iniciación con la capacidad de establecer marcas estructurantes. Por el contrario, aquello que homogeiniza está más vinculado con propuestas consumistas y anomizantes que interfieren cualquier proceso de emancipación. En este punto, encontramos diferentes modos, de transitar este pasaje. Por un lado, vemos todo un conjunto subjetividades juveniles en las que el sello distintivo está constituido por la precocidad con la que la emancipación y el mundo adulto se presentan. En muchas ocasiones, esta precocidad se da en simultáneo con la ausencia de referencias ordenadoras y estructurantes. La circulación precoz de tóxicos en el marco de grupos de pares, en tanto pauta de intercambio y socialización que constituye espacios nuevos y riesgosos cuadran, atravesados por muchas otras variables, en este extremo. Aquí es donde sería interesante formular la pregunta respecto a la eficacia de estas prácticas grupales y horizontales, en la medida en que carecen de aquel componente “tercero”, que en psicoanálisis representa el lugar del garante simbólico. Por el otro lado, se observan otro conjunto de subjetividades juveniles que evidencian cierta detención emancipatoria y prolongación de la dependencia infantil, a contramano de proyectos de autonomía sustentables.
Bibliografía
Chaves, M. (2005). Juventud negada y negativizada: representaciones y formaciones discursivas vigentes en la Argentina contemporánea. Última Década, 23, 9-32.
Duschatzky, Silvia y Corea, Cristina (2007) Chicos en banda. Los caminos de la subjetividad en el declive de las instituciones. Buenos Aires: Paidós
Fernandez, Ana María (2013) Jóvenes de vidas grises. Psicoanálisis y biopolíticas. Buenos Aires: Nueva Visión
Toimil, I. S (2015) Adolescencias: psicoanálisis y épocas. En Toimil, I. S & Lonigro, S. (Eds) Lazo social y procesos de subjetivación, p. 81. La Plata, Buenos Aires, Argentina. EDULP. Disponible en: http://hdl.handle.net/10915/46807