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Resumen de ponencia
Precariedad femenina y presupuestos sensibles al género en México

*María Luisa González Marín



El empleo precario es el fenómeno que caracteriza al mundo del trabajo desde que el neoliberalismo se impuso en México. Se le llama precariedad porque nos habla de la pérdida de los derechos laborales tanto los formales como los informales. Implica que todos los trabajadores/as al quitarles sus derechos se colocan en la informalidad, hasta que ésta se convierte en legal.

Sólo ciertos círculos de notables conservan sus derechos e incluso los aumentan. El mundo laboral se divide en un grupo pequeño de privilegiados y una masa de empleados que trabajan codo a codo con ellos pero sin ninguno de sus privilegios. En este mundo laboral se insertan las mujeres cuando acceden masivamente al mercado de trabajo en los años ochenta y noventa del siglo XX en México.

Las condiciones laborales del trabajador son de antemano impuestas por las exigencias de las empresas tanto extrajeras como nacionales, las cuales reclaman mano de obra barata para alcanzar competitividad en el mercado mundial. La precariedad se vuelve una requerimiento del modelo neoliberal y las compañías demandan jornadas cada vez más largas rebasando las horas establecidas en la leyes del trabajo. Las prestaciones van desapareciendo para los trabajadores de base y para los nuevos empleados no hay posibilidad de obtenerlas porque predomina la tercerización y la contratación verbal. Los contratación no escrita se convierten en uno de los obstáculos más importantes para la incorporación de las mujeres al mercado de trabajo. ¿Quién va a cuidar a los niños? o ¿Quiénes tienen que resolver este problema? la Familia, el Gobierno o la empresa.

En esta ponencia para medir la precariedad femenina se tomaron en cuenta indicadores económicos y sociales, como crecimiento de la participación de las mujeres en el mercado laboral, brecha salarial, disminución o desaparición de las prestaciones laborales, aumento del desempleo, el tipo de ocupación y el nivel de escolaridad. También de agregaron otros indicadores, como la trabajadoras que no reciben ingresos, las desempleadas y las disponibles. Casi todos los rubros que componen la precariedad.

El resultado fue impresionante el 65.5% de las mujeres ocupadas estaban en precariedad en números absolutos más de 16 millones y cerca 9.8 millones de trabajadoras ganaban de menos de un salario mínimo (SM) hasta 2SM, además eran las de mayor crecimiento, mientras las que recibían más de 5 SM disminuyeron de 2012 a 2016.

La política gubernamental de reducir la pobreza elaboró una serie de programas para combatirla como, PROCAMPO, SOLIDARIDAD, OPORTUNIDADES y, PROSPERA. El primero iba destinado a ayudar a los pequeños campesinos a mitigar el impacto del TLCAN, pero en realidad se ha dedicado a apoyar a los grandes exportadores de alimentos del Norte del país.

Progresa, Oportunidades y Prospera focalizaron a las familias en pobreza extrema de zonas rurales, especialmente a madres, les entregan dinero en efectivo condicionado a la escolaridad de los niños y los servicios de salud. Después de 36 años de estos programas la pobreza y la pobreza extrema casi no han disminuido, el promedio de población en esta situación es de 52 millones de personas.

En este tipo de programas entraban las mujeres en calidad de madres de niños menores, pero el argumento para darle los recursos que: “las mujeres si van a destinar el dinero a la alimentación, la educación y la salud”, mientras en los hombres no hay seguridad de que lo hagan.

En 2008, se logró aprobar que los presupuestos sensibles al género formaran parte de los presupuestos etiquetados. El programa que rige hasta ahora es El Gasto Etiquetado para las Mujeres y la Igualdad de Género (GEMIC), cuyo objetivo es “lograr el bienestar y la igualdad sustantiva (de hecho) entre mujeres y hombres (CEPAL, 2013: 5).

La ponencia destaca algunos presupuestos y toma las evaluaciones realizadas por instituciones y lo que se ha logrado. Se concluye que este tipo de asignaciones presupuestales se prestan a la corrupción, el clientelismo político y el paternalismo. El camino contra la pobreza no va por ese rumbo necesita una visión más crítica al sistema capitalista para salir del enredo de los presupuestos.




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* González Marín
Instituto de Investigaciones Económicas . Universidad Nacional Autónoma de México - IIEc/UNAM. México, D.F., México